Rolando Domingo opina que la pollera está en medio de una crisis y “solo a través del estudio y conocimiento” del traje típico nacional “podremos protegerla de la ola de ‘creatividad y proyecciones desmedidas’, que de seguir así harán que la desconozcamos por completo”.
Por eso, este investigador del folclor istmeño organiza el diplomado “Historia, evolución y parámetros de excelencia en la apreciación y confección de la pollera panameña”, que arranca este 5 de mayo en la Universidad Latina de Panamá.
“Este diplomado busca el estudio integral de la pollera desde sus orígenes y conocer el fenómeno sociológico que representa su evolución al ser acogida por toda la pirámide social”, explica.
Lo acompañarán una veintena de facilitadores.

Motivos
La crisis de la pollera proviene de tres fuentes principales de acuerdo con Rolando Domingo. Por un lado, “el desconocimiento que tenemos de este símbolo de nuestra identidad. Eso hace que la gente elabore mitos y que piense que es completamente inalcanzable. Hay muchas clases de polleras y todas son hermosas”.
Por otra parte, “las exageraciones que sufre por una competencia absurda y desmedida que no hace más que hacerle perder su delicadeza y femineidad”.
El otro motivo es la falta de “formación de todos los entes que están llamados a custodiarla. Comenzando con los ciudadanos, luego los docentes, las autoridades y por supuesto los ‘estilistas del folclor’, que bajo la excusa de estilizar la convierten en una caricatura”.
También colabora que existe “una mora en publicaciones y estudios serios y académicos sobre la pollera. Hasta hace 10 años solo había dos publicaciones de 1970 y 1980, ya agotadas. Luego se publicaron dos libros con muchísimo contenido, pero que lamentablemente no están al alcance popular por ser ediciones extraordinarias, pero costosas, aunque están en la Biblioteca Nacional”.

Para que acabe la crisis
Para que la crisis baje su intensidad hay que “estudiar y desmitificar las cosas. Llamar a cada cosa por su nombre y señalar lo que está bien y lo que no, sin exagerar en la sensibilidad cuando se recibe una crítica constructiva”.
El sector nacional donde mejor uso hacen de la pollera es Ocú, “donde respetan mucho sus tradiciones. El peor ejemplo lo dan las reinas a lo largo y ancho del país, no creo que se salve ninguna… Pues por mostrar ‘su poderío’ caen en lo ordinario y lo chabacano”.
Los concursos ayudan bastante, “aunque despiertan mucha pasión y todo el mundo cree que la pollera que tiene es la mejor. La gente sabe lo que debe ponerse. Se atavían bastante bien para los concursos, de manera comedida, pero salen de allí y se enganchan ocho cadenas más y seis pares de tembleques adicionales”.
La pollera, opina Domingo, “cuenta tanto nuestro devenir histórico y sociológico y es un hermoso símbolo. Mira las grandes civilizaciones alcanzaron su esplendor y luego vino la exageración, los excesos, la franca decadencia. En la pollera está pasando igual, alcanzó las cumbres de la perfección en la década de 1980 y 1990, y de allí en adelante estamos en un desenfreno total que va a llevarla a la decadencia”.

