Un colorido elenco de personajes aparece día tras día en el porche de una casa a las afueras de Washington, instando a no perder el optimismo durante la pandemia y quedarse en casa para frenar el coronavirus.
Al principio, Erin Kemble simplemente quería entretener a sus primos pequeños, a quienes extrañaba ver, y mantenerse ocupada luego de que cerrara la empresa de catering donde trabajaba.
Pero su idea, que viene poniendo en práctica desde hace un mes, se ha transformado en una forma de hacer reír a la gente durante un momento difícil, con mensajes que llegan a Arizona o Tokio.
Todo comenzó con el disfraz de un cerdo y un letrero que decía “Este cerdito se quedó en casa”, en alusión a la popular canción de cuna. Cuando esa imagen cosechó 30,000 “me gusta” en las redes sociales, pensó que podría aventurarse con otras.
Así terminó armando una verdadera tienda de utilería, donde hurga y reutiliza todo con el objetivo: crear divertidas imágenes en su “escenario”: el porche de su casa. “Probablemente podría hacer esto por el resto de mi vida”, dice, sonriente.
