Cuatro hornos de cemento, a un metro de distancia del suelo, inician su función a las 7:00 a.m., los siete días de la semana. A esta hora se empieza a preparar la mezcla de los manjares, huevitos de leche, cocadas y bocadillos que todos han degustado al menos una vez.
Cada proceso y cada paso tiene a su encargado, aunque los ingredientes son similares, dice Nidia Oses, de la fábrica Manjar Blanco Aguilar de Pozo Rico de Antón, Coclé, y que surte a puestos de venta en Santiago, Veraguas y El Valle, Coclé.
Por ejemplo, para los bocadillos y los manjares se usa maicena, azúcar y leche, solo que hay que estar pendiente del punto exacto para cada uno y eso lo sabe la persona que bate la mezcla, señala Adalberto Aguilar, propietario del negocio.
La leche que usan viene directo de la vaca, porque sus proveedores, que son de la misma área de Antón y de Penonomé, se las llevan temprano.
Por lo general, para unas 200 unidades de manjar se están necesitando 35 litros de leche fresca, dice Aguilar.
MANOS A LA OBRA
Eugenio Rodríguez bate con un mecedor de madera la mezcla de leche, azúcar y maicena para preparar los bocadillos; lo hace cuidadosamente para “que quede en el punto exacto”.
Luego se coloca la mezcla un poco dura en una mesa para que se enfríe y después se corta en tiras.
En otro horno, Ernesto García Oses está batallando con la alta temperatura mientras bate una mezcla para los huevitos de leche.
Tampoco podía faltar la mezcla para los manjares. De eso se encarga el señor Emilio Ruiz, quien recalca que “el calor no perdona”; sin embargo, ya se acostumbró después de tener más de 20 años en esta labor.
En cada uno de estos casos el proceso completo puede tomar unas dos horas, cuentan.
El siguiente paso es servir y envolver, dice Nidia Oses, mientras se desplaza al recinto donde realizan esta labor.
Allí están Beruska Aguilar y Yadira Guerrero, ambas portando redecillas sobre sus cabezas y sirviendo con una cuchara los manjares pequeños.
En otro cuarto se encuentran Cecibel Aguilar y Sixta Vergara, sirviendo los manjares de los envases más grandes y envolviendo los huevitos de leche en los papeles especiales de colores.
Por otro lado, Nidia Oses cuenta que ellos también hacen la cocada negra con pepita de marañón, pero no todos los días, sino dos o tres veces a la semana, pues la producción depende de los pedidos.
El resto de los postres propios de la campiña sí se produce en mayo en grandes cantidades para satisfacer los antojos de los viajeros que aprovechan su periplo, a fin de probarlos, endulzar el momento y llevarlos para comer en casa.
Bocadillos, manjares, suspiros y cocadas son algunas de las opciones que puede llevar a casa, si va de paseo al interior del país y pasa por los populares puestos de venta, ubicados a la orilla de la vía Interamericana. Uno de los más visitados es el que está a unos metros de la estación de policía de Antón, Coclé. Según sus dependientes, los productos más cotizados son los manjares y los bocadillos. Comentan que las mayores ventas se dan los fines de semana y los días feriados, como en Semana Santa o en Carnaval. Estos puestos abren al público a eso de las 8:00 a.m. y van cerrando como a las 6:00 p.m., aunque va a depender del día y de cómo estén las ventas.
FANNY D. ARIAS CH.

