En el no siempre apreciado oficio del humor, Les Luthiers escaló a lo más alto, convirtiendo en arte aquello de unir chistes, música y destreza escénica, en espectáculos que han dado la vuelta al mundo tras 50 años y que se pueden encontrar íntegros en internet.
Cinco décadas de carrera, “como los Rolling Stones”, apuntó el líder del grupo argentino, Marcos Mundstock, cuando en 2017 les fue otorgado el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. Pero “nosotros lo hicimos sin agregados químicos”, remató, en broma y en serio, Mundstock, que ayer falleció a los 77 años debido a una “enfermedad irreversible”, detalló un comunicado de Les Luthiers.
Integrantes de Les Luthiers
“Nos quedará el recuerdo de su voz, única e inconfundible. Y de su presencia sobre el escenario, con su carpeta roja y frente al micrófono, que cautivaba al público antes de decir una sola palabra”.
Aquel día de festejos y realeza con los premios Asturias en Oviedo, España, Mundstock tomó la palabra con su modulada voz, como es tradición en Les Luthiers, y destacó el valor del ejercicio del humor para conectar con la gente: “Hoy más que nunca nos sentimos orgullosos de esta bendita profesión. El ejercicio del humorismo, profesional o doméstico, más refinado o más burdo, oral, escrito o mímico, dibujado… mejora la vida y permite contemplar las cosas de manera distinta, lúdica, pero sobre todo, lúcida”.
Así lo hizo Les Luthiers desde 1967, apoyados en la música que nacía muchas veces de excéntricos instrumentos (crearon unos 30 para sus shows) y de la “exuberancia y ambigüedad del idioma español”.
En YouTube reposan decenas de sus presentaciones a través de las décadas, como “Canto con humor”, “Entreteniciencia familiar”, “Rhapsody in Balls”, “El poeta y el eco”, “Tricicle” o “La bella y graciosa Moza Marchose a lavar la ropa, Mastropiero que nunca”. Un bálsamo en tiempos de encierro por el coronavirus.

Mundstock nació en Santa Fe, Argentina, en 1942, y era uno de los fundadores del grupo que se formó en las aulas de la Universidad de Buenos Aires.
Estudió ingeniería y le hubiera gustado ser “abogado, aviador, cowboy, benefactor de la humanidad, tenor de ópera, Tarzán, amante latino, futbolista y muchas cosas más”, como decía, pero siguió el llamado de la vocación hasta la actuación y el humor.
Era uno de los principales referentes del grupo, junto con Daniel Rabinovich, que murió en 2015.
“Nos quedará el recuerdo de su voz, única e inconfundible. Y de su presencia sobre el escenario, con su carpeta roja y frente al micrófono, que cautivaba al público antes de decir una sola palabra (...) Nos quedará su profesionalismo. Su autoexigencia, su ética de trabajo y su respeto extremo por el público, valores que todos compartimos y que él defendió desde el momento de la creación misma de Les Luthiers”, compartieron sus colegas y amigos.
Y agregaron: “Nos quedará el recuerdo de sus chistes cotidianos, rápidos y asombrosamente ingeniosos, listos para brindarnos una chispa de alegría en todo momento, en las buenas y en las malas”.

