Los que han seguido el trabajo del escritor Jacobo Celnik conocen su lado musical. Obras como Melómanos. Historias de una obsesión (2020) o Satisfaction. Conversaciones con el rock (2015) le han valido para ganarse tanto a lectores apasionados por la música, como aquellos que reconocen la ligereza de su pluma.
Pero en su reciente libro El pintor de Auschwitz, el cual presentó el pasado viernes en la Feria internacional del libro de Panamá, se aleja de la temática musical para adentrarse a su historia familia, a sus raíces como judío, en un viaje que lo lleva de Colombia a Europa, entre papeles y recuerdos para descubrir historias de rechazo, lucha y supervivencia.
En una entrevista para La Prensa, Celnik habla un poco del proceso de rebuscar en el pasado, de encontrarse a sí mismo y descubrir no solo recuerdos sino también personas.
¿Por qué el cambio de género?
Cuando se me ocurrió la idea para El pintor de Auschwitz evidentemente no solamente era una necesidad de explorar otros géneros y otras temáticas sino también que fuera de la mano de mi evolución natural como escritor. Más que un cambio de género creo que cambia es el tipo de historias a las que me estoy aproximando dejando a un lado las historias relacionadas con la música y metiéndome más en los terrenos de la genealogía familiar.
¿Quién es ‘El pintor de Auschwitz’?
Isaac Celnikier, quien era un sobrino de mi bisabuelo y fue criado en el orfanato de Janusz Korczak de Varsovia, y que termina preso en Auschwitz 3. Allí, como tenía habilidades como pintor los nazis lo obligan a falsificar obras de arte y así logra sobrevivir en el campo de concentración.
Entonces Isaac es como el eslabón perdido de mi familia. El apellido original de mi familia es Celnikier no es Celnik sino que la historia de la migración de mi bisabuelo llega a que el apellido se tenga que alterar para llegar a Colombia.
¿Cómo fue abordar la historia de tu familia?
Siempre que uno se mete en terrenos de la historia familiar el reto es encontrar la información y verificarla. Ese fue el gran reto de mi libro. Me encontré con nuevas historias, con historias que eran ampliamente desconocidas. Y pude corroborar y tumbar mitos de los que se hablaba constantemente en la familia.
¿En algún momento de su investigación tuvo miedo de herir a alguien de su familia a través de las palabras o el recuerdo?
Siempre está latente la posibilidad de que haya personas de la familia a las que no les guste ciertas cuestiones que se abordan en el libro o que tengan otro tipo de recuerdos, porque este es un libro que está construido a partir de diarios de fotos de recuerdos de entrevistas y la memoria suele ser engañosa pero afortunadamente todos quedaron a gusto.
En su búsqueda, ¿cuál fue la historia que más le sorprendió y por qué?
Para mí es muy difícil responder esta pregunta porque son muchas las historias que allí están retratadas, pero por supuesto que corroborar cómo fue el proceso migratorio de mi bisabuelo a Colombia fue sorprendente.
¿Qué cree que tienen los migrantes en común?
Primero creo que tienen una valentía bastante particular, porque dar un paso a migrar a otro país es enfrentarse a lo desconocido. Una valentía que está asociada al despegue, al desarraigo y a la incertidumbre, creo que esos son los rasgos en común.
¿Cómo ve la situación actual de su país en el tema de migraciones?
Colombia ha sido un país históricamente cerrado a la migración, digamos que los judíos no fueron la excepción de políticas muy conservadoras en ese sentido. Con tintes antisemitas, claramente, como lo fue en la época Mariano Ospina (1946 - 1950) donde se le cerró completamente la puerta a los judios.
Y lamentablemente Colombia fue muy cerrada, por lo menos a ese proceso, al punto de haber rechazado 150 mil solicitudes de visa de judíos polacos, que no sabemos cómo terminaron, si lograron ir a otro país o terminaron en las cámaras de gas.
¿Cree que hay enseñanza entre las historias del Holocausto?
Yo creo que sí. Mantener vivas estas historias es muy importante porque recordar el pasado nos evita un poquito repetir el dolor. Sobre todo con las nuevas generaciones que tienen una desconexión con los procesos históricos. Creo que es importante que lean los libros que hablan sobre el Holocausto, sobre la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), porque van pasando los años y se ven como procesos muy lejanos de casi 90 años y parece que es en otra vida que eso hubiese sucedido. Entonces yo creo que lo más importante es recordar para no volver a repetir estos sucesos.

