París vive un estreno muy especial, el de la comedia musical Un americano en París, primera versión escénica del filme que Vincente Minnelli creó en 1951 y coproducción inédita entre un teatro público francés, el Chtelet, y Broadway.
El musical tomó como punto de partida el poema sinfónico escrito en 1928 por Georges Gershwin (1898-1937), compositor autodidacta de origen ruso judío, que había inspirado a su vez la película coreografiada por Gene Kelly, su protagonista junto a Leslie Caron.
Robert Fairchild, primer bailarín del New York City Ballet, y Leanne Cope, miembro del Royal Ballet de Londres, heredan en la nueva coreografía del británico Christopher Wheeldon los papeles principales de Jerry, veterano de guerra estadounidense aspirante a pintor, y Lise, futura bailarina estrella de quien todo el mundo se enamora.
Con una inversión de más de 12.4 millones de dólares, el estreno conlleva dos debuts notables, el de Fairchild como cantante y el de Wheeldon como director de escena, al frente de 30 actores y bailarines.
La acción transcurre sobre el escenario cuatro años antes que en el filme, aquí justo al término de la II Guerra Mundial, en plena liberación, y ya no en 1949, por obra del libretista Craig Lucas.
El argumento, sustancialmente el mismo, relata el amor que sin saberlo sienten por la misma joven tres amigos: Henri, rico heredero francés que arriesgó su vida para salvar del nazismo a la magnética Lise, con quien piensa casarse; y dos veteranos de guerra estadounidenses, un compositor (Adam) y un pintor (Jerry).
