Un embrollo gigante constituir Ejecutivo en España. Muchas formas de ver los grupos y comunidades que Roma denominó Hispania, y que, hace 40 años, después de 40 años de tiranía, se constituyó en el sistema de autonomías imperante. Con los Pactos de la Moncloa y una Constitución ejemplares.
¿Se agota ese sistema con el aumento de las exigencias sociales, expresadas a través de la ampliación de las corrientes independentistas, por un lado, y las fascistas, verbigracia Vox, por otro?
El PSOE (Partido Socialista Obrero Español) ha obtenido, en 2019, en dos elecciones generales, la mayoría de votos, pero no suficientes para gobernar en este Estado de monarquía parlamentaria. De 40 millones de habitantes.
Ha intentado obtener una mayoría simple con alianzas partidarias polémicas y de antiguos rivales. En noviembre pasado, se profundizó la fragmentación partidaria, con la sorpresa del crecimiento del fascismo, de neofranquismo y desconcierto, que convierte a su abanderado Vox en la tercera fuerza política, detrás de PSOE y del conservador Partido Popular (PP).
Pedro Sánchez, socialista, hábil y experimentado presidente en funciones y aspirante a seguir en el puesto por cuatro años, ha tejido un nuevo discurso –distinto al electoral- para conseguir la alianza con Podemos, a la izquierda del PSOE, y que ocuparía, en la figura de su líder, Pablo Iglesias, una de las vicepresidencias del Ejecutivo.
Los más polémicos acuerdos para viabilizar la investidura de Sánchez, posible de materializarse esta semana, es la promesa de abstención en la votación de los diputados (por la izquierda e independentistas) de EH Bildu (vasco y otras provincias occidentales) y ERC (Izquierda Republicana de Cataluña), que ha firmado la declaración de independencia de esa región oriental española. Ni siquiera pensar que voten a favor.
Estos respaldos han estremecido el Congreso de 350 diputados: han disparado la ira de las frondosas bancadas de PP y Vox, distanciadas, pero unidas en su rechazo, no solo de los acuerdos del partido de Sánchez, sino a la propia presencia de los independentistas. La coalición EH (Euskal Herria) Bildu reúne facciones que respaldaron el grupo terrorista ETA, hoy inactivo, pero con un activo de crímenes, no distantes de políticos de estirpe diversa.
La crisis de Cataluña opaca los buenos propósitos de la coalición progresista –como se denomina- y que junta a Podemos con el PSOE, sobre empoderamiento de la mujer, desarrollo social, contra casinos y ludopatía, así como defensa ambiental.
Sánchez se ha comprometido a instalar una mesa de diálogo con el independentismo catalán, anhela convertirse en república y renunciar a España, con monarquía y todo. Y a declarar conflicto político aquello que desde el Estado se ha estado solucionando por la vía judicial. Una decena de líderes catalanes está en la cárcel y otros son perseguidos por haber organizado un referendo soberanista y declarado sin éxito la república (adiós a España).
La economía no ayuda a este cuadro. Durante los últimos lustros no ha mostrado su mejor cara, y las principales fuerzas políticas se recriminan por no haber contenido el desempleo, el deterioro de la calidad de vida y el desasosiego de alto porcentaje de la juventud, que no puede emanciparse por la carestía financiera.
El autor es periodista y docente.