Las guitarras de David Gilmour y el manuscrito de Another Brick In the Wall destacan en la gran exposición que el museo Victoria y Albert de Londres dedica a la banda psicodélica británica Pink Floyd.
Con 350 objetos, entre ellos instrumentos, partituras, portadas de discos, fotografías, entrevistas y extractos de su música, se trata de la mayor exposición dedicada al grupo, explicó su comisaria, Victoria Broacke.
“Pink Floyd, Their Mortal Remains” (sus restos mortales) estará en cartel del 13 de mayo al 1 de octubre y sirve para conmemorar el 50º aniversario de la aparición del primer disco del grupo, The Piper at the Gates of Dawn.
Era 1967, y el mundo descubría el rock progresivo de este grupo formado dos años antes por cuatro estudiantes: Roger Waters, Richard Wright, Nick Mason y Syd Barrett, que fue reemplazado en 1968 por David Gilmour. Esta época ocupa la primera parte de la exposición y sirve para sumergirse en la escena underground del Londres de los años 1960. En la pared de una sala negra, iluminada con colores y motivos psicodélicos, los visitantes se encuentran ante un cartel anunciando un concierto de Pink Floyd en UFO, un club efímero de música vanguardista que frecuentaban los miembros del grupo.
“Vivíamos vida de jipis, probábamos LSD, fumábamos cannabis, leíamos a Kerouac, explicó Aubrey Po Powel, alguien cercano al grupo en aquella época, que participó en la concepción de la exposición. “Tocaban de una manera un poco especial, un poco amateur, pero era un estilo muy inglés, muy excéntrico y eran los favoritos del ambiente underground de Londres”, dijo.
Aquellos primeros años estuvieron marcados por el comportamiento errático de Syd Barrett, cuya personalidad sensible, salud frágil y consumo de drogas se acomodaron mal a la popularidad creciente del grupo.
Concebida como un viaje inmersivo y multisensorial, la exposición deja espacio para la música y ofrece a los visitantes auriculares que permiten descubrir las diferentes etapas de Pink Floyd.
En la sala dedicada a Wish You Were Here (1975) pueden escucharse entrevistas cruzadas a Roger Waters y David Gilmour, explicando cómo se creó la canción que daba nombre al disco, escrita en homenaje a su antiguo camarada Syd Barrett. “Es un tipo de canción country muy simple. Pero a causa de su resonancia y carga emocional, es una de las mejores”, explica David Gilmour.
Una de las atracciones de la exposición es la instalación de 22 metros de largo y 7 metros de alto reproduciendo la portada del disco The Wall (1979), sobre la que planea el terrorífico profesor de ojos exorbitados que causa pavor en los niños de la célebre ópera rock. La retrospectiva acaba en una gran sala con pantallas gigantes que difunden el último concierto del grupo al completo, en 2005.
