Equis, por el anonimato es el patrón, alega que la palabra pindín fue definida como un tipo de baile característico de una cantina popular de unos propietarios, Pim & Deam. Al final, fuera de cita, exponía, como quien no quiere, que citaba a la folclorista Dora de Zárate.
El texto circuló tanto, al punto de que el anfitrión de un grupo de escritores extranjeros lo exteriorizó como asunto cierto, y tuve que intervenir, en público, para deshacer el bulo, que deambula, como Pedro por su casa, en una época de mentiras e incertidumbres. La profesora Dora definió y caracterizó el pindín, que integra el Diccionario de Americanismos, sin embargo no lo relacionó con ninguna cantina ni con sus dueños.
Una pariente casi me deshereda porque advertí sobre la inconveniencia de estar circulando cadenas de ideas, muchas veces atractivas e identificadoras, pero cuyo punto de partida es el bulo (fake news = noticia falsa, aunque ninguna debiera serlo).
Bulos famosos. A un hermoso artículo patriótico de Iliana Pérez Burgos, un ocioso le trocó la autoría por la de Paulo Coelho, y durante lustros ha circulado con ese entuerto de base. Los bulos han alcanzado a Gabo, Neruda y hasta el cardenal Bergoglio.
Imagínese una campaña electoral, que ya miramos hacia el 24, con el reino del fake news. Que Dios nos cubra en seno, toditos confesados, los del cedé, perredé, movín, gremios, fad, pepé, papa, matildistas, lombanistas, martinellistas.
Que alguien empiece a exorcizar el bulo, como sucedió en medio del rescate que siguió al terremoto acaecido en ciudad de México el 19 de septiembre pasado, con la plataforma #Verificado19S. En aquellos momentos, cientos de mensajes en Twitter y otras redes sociales mencionaban desde un próximo megaterremoto pronosticado por la ONU, el cual la organización tuvo que desmentir, hasta la teoría de que el siguiente temblor será al sumar los números de fechas.
Engaños con legitimación. Este tipo de periodismo amarillo o propaganda consiste en divulgar información errónea o engaños propagados a través de medios impresos y de difusión tradicionales o en las redes sociales en línea. Se escriben y publican con la intención de inducir a error para dañar a una empresa, entidad o persona. Con falsedad, exageración o media verdad. En Panamá, se ensaya, con resultados eficaces, el esquema engañador.
Los sitios web de bulos aparecen alojados anónimamente y carecen de editores conocidos. Se esconden de las demandas por difamación.
Diccionario Oxford. El Diccionario Oxford entronizó en 2016 el neologismo “posverdad”: denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal. Se gestiona para que el diccionario general de castellano lo acoja.
En 2017, la frase fake news es la ganadora. En el popular diccionario, destacó entre los 4,500 millones de vocablos. Se usó más de 350% más que antes.
Fake news empezó a sonar con más frecuencia después de que Trump fuera elegido presidente de EU, pues la utilizó en más de una ocasión durante su campaña electoral para poner en duda la veracidad de las informaciones de medios. “No he inventado el término porque creo que otras personas lo han usado a lo largo de los años, pero nunca lo había notado. Lo que sí he hecho es darle visibilidad, porque lamentablemente nuestro país está plagado de ellas y es una pena”, dijo.
El autor es docente y periodista