Fue amor a primera vista. Desde hace seis años que Teresa Díaz leyó Al otro lado del mar quedó enamorada de su trama y de sus personajes.
Esta pieza, escrita por Jorgelina Cerritos, gira en torno a un hombre (Raúl Irigoyen) y una mujer (Teresa Díaz) que se encuentran en una playa desierta.
Jorgelina Cerritos, actriz, poeta y dramaturga salvadoreña, gana con esta pieza el premio Casa de Las Américas (Cuba) “con un voto unánime del jurado. La obra es exquisita, porque es fácil de leer y por sus monólogos internos que reflejan tanto ilusiones como frustraciones”, añade Díaz.
“Siempre soñé en realizar este montaje, y encontré a mi cómplice que quiso unirse a mi aventura, Ángel Sosa”, dice Díaz sobre el director de esta puesta en escena que se presenta en el teatro El Ángel del 7 al 19 de marzo.
Cuando empezaron a estudiar todas las posibilidades, Sosa le compartió a Díaz: “sé que amas al pescador, pero vas a hacer Dorotea” y ella empezó a estudiar.
“Me di cuenta de que era una mujer que le faltaba tanto de la vida y que se empieza a sanar sin querer por el pescador. Él le vuelve a dar esperanza y justo hay un texto de Dorotea en la obra que dice: ‘no creo que muera, porque usted le ha dado esperanza, y con esperanza nadie muere’, y justamente eso le empieza a pasar a ella. Dorotea es muy visceral, por lo tanto lleva mucho trabajo emocional, uno queda agotadísimo después de cada ensayo, pero vale la pena”, indica Díaz.
René Estuardo Galdámez, dramaturgo y director teatral, ha destacado que Jorgelina Cerritos “ha logrado trascender el teatro centroamericano y lo ha llenado de poesía, de realismo mágico y ha generado nuevamente la necesidad de poner el teatro, no solo en las tablas, sino en los anaqueles, en las librerías, en las mesas de noche y en las librerías”.
CRIADO SOLO
Mientras que el pescador desea radicar en el mañana, Dorotea se estaciona en el ayer, y ambos dejan a un lado el hoy. “Ahí se plasma que el ser humano es más que un nombre, una dirección postal… es un pasado con sus experiencias; y un futuro incierto lleno de sueños y aspiraciones”, dijo en una ocasión Jorgelina Cerritos sobre sus personajes.
El actor Raúl Irigoyen plantea que es tanto positivo como negativo vivir en el pasado. “Le puede traer algo de calma en cuanto a las cosas hermosas que se han vivido, pero también trae tristeza, por todas las desventuras que ha tenido. Entonces el futuro, aunque pareciera lleno de esperanza, también tiene sus fantasmas”.
Irigoyen resalta que el pescador “se pone pequeñas metas nada más y va en pos de eso. La prueba está en que él tiene un objetivo y ese es todo su objetivo, no ha pensado en nada más, aunque Dorotea lo cuestiona, él dice que no había pensado en eso. Es como la mayoría de los hombres: una cosa a la vez”.
Describe al pescador como un hombre común y corriente. “No es extraordinario, ni es fuera de este mundo. Él se ha criado solo. Ha tenido contacto con gente sí, pero más que todo tiene tiempo para estar solo. Ha sido muy introspectivo. Por eso, ha podido analizar mucho y aprender mucho. Y eso es lo que pasa con esta sociedad: todos están tan apurados, que la gente no tiene tiempo de sentarse y revisar sus propios pensamientos, solo estamos ahí, apurados. El pescador ha tenido tiempo para analizar las cosas y eso lo hace diferente al resto, pero no es nada fuera de lo común. Si todos sacáramos tiempo para eso, seriamos igual que él”.
REACCIONES
Al otro lado del mar, entre otras, es sobre cómo las personas no siempre son dadas a buscar quiénes son.
A veces, opina el director Ángel Sosa, la dinámica de la existencia contemporánea “nos envuelve y vamos perdiendo identidad. Solo con experiencias fuertes o traumáticas reaccionamos y buscamos la esencia de nuestra existencia, los por qué de nuestras vidas y el sentido de ser quienes somos. Al otro lado del mar es sobre dónde estamos y hacia dónde vamos, y sobre todo si vale la pena volver”.
Sosa indica que este texto dramático le brinda al espectador “una serie de reflexiones acerca del ser, el sentido de la pertenencia y de la realización personal. Estos personajes tridimensionales y cargados de emociones honestas, nos recuerdan nuestras propias aspiraciones vitales, esos sueños que se realizan o no, a valorar nuestras posibilidades y a considerar si estamos aprovechando el tiempo. Creo que saldremos de la sala haciéndonos algunas preguntas de nuestra existencia, y si eso pasa, se habrá logrado el cometido”.
