La exsecretaria de un campo de concentración nazi, de 96 años, permaneció en silencio en el primer día de su juicio en Alemania, que comenzó finalmente ayer tras haber sido postergado tres semanas atrás por un intento de fuga.
Irmgard Furchner enfrenta ante el tribunal de Itzehoe los cargos de complicidad en asesinatos e intentos de éstos en más de 11 mil personas en el campo de concentración de Stutthof, en la actual Polonia, entre 1943 y 1945.
La nonagenaria ingresó a la sala de audiencias en silla de ruedas, vestida con una chaqueta blanca y portando un bastón en una mano. Para esconder su rostro de los medios, cubría su cabeza con un pañuelo y lucía unas grandes gafas de sol.
“No hará ninguna declaración por el momento. Tampoco responderá a las preguntas”, declaró su abogado Wolf Molkentin.
Furchner, única mujer implicada en el nazismo en ser juzgada durante décadas en Alemania, dio su identidad y después se mantuvo en silencio, escuchando el acta de acusación. Su proceso había comenzado el 30 de septiembre de manera rocambolesca: la acusada, que vive en una residencia para ancianos cerca de Hamburgo, huyó en lugar de presentarse en el tribunal.
Ahora comparece libre, pero se han tomado medidas de vigilancia precautorias para asegurar su presencia.
La fiscalía la acusa de haber “ayudado e incitado al asesinato pérfido y cruel” de miles de prisioneros en el citado campo, en el que trabajaba como mecanógrafa y secretaria de su comandante, Paul Werner Hoppe.
En ese campo, cercano a la ciudad de Gdansk (Danzig en aquella época) donde murieron 65 mil personas, “detenidos judíos, partisanos polacos y prisioneros de guerra soviéticos” fueron asesinados de forma sistemática, subrayó la Fiscalía.
De acuerdo a sus competencias, “aseguraba el buen funcionamiento del campo” y “tenía conocimiento de todos los hechos acaecidos en Stutthof”, sobre todo de los asesinatos a tiros o por gaseado, dijo el fiscal Maxi Wantzen. Pero en una entrevista en 2019 al diario NDR, Furchner dijo que “no sabía nada” de las masacres.
En una carta enviada antes de la fecha de la primera audiencia, la acusada dijo al juez que no deseaba presentarse ante el tribunal. Ese día de su primera comparecencia, desapareció durante horas antes de ser encontrada. Fue a prisión preventiva y liberada una semana más tarde. Su comportamiento provocó gran consternación.
Su ausencia demostró “menosprecio por los sobrevivientes y por la ley”, dijo el vicepresidente del Comité Internacional de Auschwitz, Christoph Heubner.

