Garrapata y araña son de la familia Ixodoidea. Hombre araña, Hombre garrapata. Asustan ácaros hematófagos. Chupan sangre. Enfermedad no covid, pero infecciosa.
Ese mote posee autor atípico, que conocía desde dentro la Corte Suprema, de la que era magistrado: Camilo Pérez, BonaFide, como firmaba su columna frecuente. La Corte funcionaba en San Felipe y él describió la existencia de garrapatas. No se reporta fumigación en el traslado hacia Ancón, en el Palacio de Los Ñeques.
¿Siguen allí los ácaros chupasangre? El decir de Camilo es del decenio de los ochenta. Hace dos décadas, desde las honduras, se admitió la existencia de equis bazar de fallos.
Hoy están los ecos del Pegasus planetario y el Me Grabaron, Me Grabaron.
La nueva ola es el interinato de jueces, si bien lo deseable es la confianza en el sistema y su independencia, como se respira, aunque aire no tan limpio, en los dos estados vecinos, modelos para nosotros.
Panamá es uno de los últimos Estados de América en implantar el SPA (Sistema Penal Acusatorio), que es encomiable, y, de inmediato, lo puso en modo provisional, eventual o accidental. Y todos ni eructamos el engendro.
Ese SPA, por maledicencia, lo confunden con los espás, esos deliciosos baños, mejor con sales sanadoras. En ese reino de la interinidad, el Disney World de jerarcas políticos y judiciales, o viceversa, en ese SPA, hay 218 jueces que en cada decisión les pende la espada de Damocles. Mira hacia el techo, no sea que te caiga en la cabeza.
De 218 interinos, 82 son magistrados de apelación y 186 son jueces de garantía y juicio. Tres de ellos, que fueron asistentes del magistrado Ayú Prado, llevaron a cabo el fallo histórico a favor del expresidente Martinelli.
La palabra concurso (u oposición) está proscrita en ese espá. Vamos todos para esos baños ñequenses. Hay buen argumento para ese estado permanente de interinidad: no hay finanzas. Somos pobres; no tenemos plata. Y la independencia de los jueces esperará hasta el día del juicio final, que, según un pastor vecino mío, no pasa de diciembre próximo.
Ni a Cortizo ni a su gabinete les importa aquel espá, y se arropan en que no les corresponde, aunque en campaña electoral suscribieron el mundo feliz de la justicia, si bien añoran es el de Huxley. Y han impuesto el modelo en la Fiscalía General, y les fascina que su regente no sea titular, sino encargado (no leer encargando). Y la Carrera Judicial, bien, gracias, y usted. El papel lo aguanta todo.
Ojalá es la fusión de Oh Alá. Ojalá, quiera, que, sin garrapata, bazar e interinato, se llegue a un acuerdo nacional, como aquel que generó el título constitucional del Canal. Que funde un sistema de justicia independiente, sin interinato, imparcial, no manipulable y distante de intereses políticos y económicos.
Perú desarrolló un proceso de referencia contra el expresidente Fujimori, en el que fue convocado por el Estado el mejor plantel de expertos en Derecho Penal, constituidos en un tribunal especial. Los resultados honran a la justicia, si bien Perú es víctima de inestabilidad política.
En Panamá, vamos en la cola latinoamericana en corrupción, Estado de Derecho e impunidad.
Estados Unidos y la Unión Europea han invertido recursos en la formación de cuadros del sistema judicial. Que no lo recuerden, no sea que se les ocurra desarrollar auditoría y presentarnos factura. ¿Cuál es el resultado de la inversión?
El autor es periodista, filólogo y docente
