Una de las razones por las cuales Olga Sinclair escogió a Roberto Matta para sus labores didácticas al aire libre, es porque solo lo conocen “dentro del círculo de los más importantes coleccionistas de arte del país. Y su conocimiento es tan profundo que ellos solicitan a los art dealers adquirir una determinada obra de un determinado período del artista. Sería tan fácil educar a un país con un buen pensum en las escuelas”.
Resalta que en la colección permanente del Museo de Arte Contemporáneo hay cinco de sus creaciones. “Sería afortunado para todos los panameños, o extranjeros que residen en el país, tener la fortuna de que en nuestra ciudad y en el interior haya museos para visitar”.
Por eso, invita a los empresarios istmeños a no construir más centros comerciales, sino pinacotecas, centros culturales y auditorios, “para que nuestra niñez viva el goce estético de contemplar una obra de arte en vivo. El turismo cultural está arrasando en muchos países del área”.
PROCESOS
Desde 2007, Olga Sinclair usa el arte como un medio para despertar la curiosidad de los muchachos. “Calculamos que 65 mil niños han pasado por esa experiencia”, indica.
“Fue tan primitivo e incipiente la idea que me sorprende que lo haya logrado. El primer taller fue en el parque Urraca en 2007 y aún no tenía la Fundación Olga Sinclair. Fueron 500 niños, y como maestra de escuela primaria me sorprendió observar que todos pintaron lo mismo: el cerro, el sol, la casa, el árbol y las aves negras en el firmamento. Hoy día todos nuestros niños se atreven a crear, a plasmar sus ideas y hasta comparar cuál maestro le atrae más”.
Ya sea en Panamá, Santiago o Colón, a través de Pablo Picasso, Jackson Pollock, Paul Klee, Paul Gauguin, Vicent Van Gogh y Modigliani, desea que “los jóvenes y niños se enfrenten a la obra de artistas que, en sus procesos creativos, vivieron los desafíos del mundo moderno que no hemos logrado resolver”.
Plantea que el dominio de la tecnología sobre el hombre, es un tema que ya abordó Matta, “y es un talón de Aquiles para unos participantes que están deseosos de conocimiento. La obra de Matta es un punto de cuestionamiento que hace bien al debate intelectual de los jóvenes. En ese mundo creativo no hay garantías, sino el desafío de lo inimaginable”.
Su padre, Alfredo Sinclair, le decía que se debe “pasar por la academia y el dominio del dibujo clásico y luego olvidarlo todo. Hay que leer y estudiar a los estetas filósofos. No es embarrar pintura, es el conocimiento profundo del oficio del pintor, cuya obra sostenida evoluciona y crea sus propios periodos creativos. El que no logra ese dominio se repite y comercializa y lo hace una fórmula para ganar dinero, mas no un sueño de trascender en el tiempo y el espacio”.
