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La última palabra

Guerreros de la libertad

Libertad de información, libertad de prensa y libertad de expresión superan a los medios de comunicación que las ejercen. Son el oxígeno de la democracia. Nos toca evaluarlas y debatirlas en la antesala del bicentenario del republicanismo panameño y su periodismo.

Una expresión de esas libertades cumplirá esta semana 40 años. Nació el lunes 4 de agosto de 1980. Es el diario La Prensa, zarandeado desde el día uno. Nació durante el proceso de descolonización pactado en los tratados Torrijos-Carter, de 1977, y en medio de una dictadura. Significó la ruptura del monopolio por una década de los diarios oficialistas y oficiosos, bajo el control del gobierno comandado por Omar Torrijos.

Porque tienen un peso los medios, aunque no sean palabra de Dios, la historia política, informativa y de debate cambió. En la cabecera de antepasados periódicos, podía leerse: “Si te pica, ráscate”.

Ha costado sufrimientos, dolor y lágrimas entender que nuestra sociedad y Estado democrático solo puede avanzar con un sistema de prevalencia de la libertad de información, libertad de prensa y libertad de expresión. Que se lleva a cabo a través de medios de comunicación convencionales y cada vez más a través de los emergentes. Redes sociales y “zoociales”.

Jurisprudencia lo remata: la libertad de información y prensa sobre un asunto de interés público desplaza la protección de la honra y la dignidad. Está en un histórico fallo de la Corte Suprema, con Oydén Ortega de ponente. Y vale tanto para funcionarios y figuras públicas, sea artista, profesional o científico.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos ratifica que en el ejercicio de las funciones públicas es deber rendir cuentas y saber recibir críticas.

La Constitución recoge esa tradición republicana y democrática. Los medios de comunicación no son entidades particulares comunes y corrientes, que deben tratarse como si fuera una heladería o una tienda de tajada de mango verde con sal y vinagre.

Para un puñado de mandamases y actores sociales, el único medio que les mueve piso y techo es aquel que los adula o, en el peor de los casos, los ignora. Muerte a los demás. Ese es el Disney World de sus sueños.

La gran mayoría de Estados latinoamericanos es signataria de la Declaración de Chapultepec. Establece que:

•No hay personas ni sociedades libres sin libertad de expresión y de prensa. Su ejercicio no es una concesión de las autoridades; es un derecho inalienable del pueblo.

•Toda persona tiene el derecho a buscar y recibir información, expresar opiniones y divulgarlas libremente. Nadie puede restringir o negar estos derechos.

•La censura previa, las restricciones a la circulación de los medios o la divulgación de sus mensajes, la imposición arbitraria de información, la creación de obstáculos al libre flujo informativo y las limitaciones al libre ejercicio y movilización de los periodistas, se oponen a la libertad de prensa.

La lucha por la libertad de expresión, de información y de prensa es afán permanente. Es causa esencial para la democracia y la civilización. Es aliento cívico de una sociedad. Defenderla día a día es honrar nuestra historia y dominar nuestro destino. No importa cuál sea la cabecera ni el nombre del medio ni su canal.

El autor es docente, periodista y filólogo


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