La herencia de los jesuitas

La orden religiosa, conocida como la Compañía de Jesús, estuvo radicada en la primera ciudad de Panamá desde el siglo XVI antes del ataque de Henry Morgan.

La herencia de los jesuitas
El edificio ocupaba toda la manzana y sufrió varias remodelaciones. A principios del siglo XX, la esquina fue vendida y el edificio usado para inquilinato. Solo quedó la actual esquina como muestra

En la calle cuarta del Casco Antiguo queda una muestra de lo que un día fue la Compañía de Jesús.

Aunque el sitio no está abierto al público, no deja de llamar la atención de los turistas por su belleza y antigüedad. Las excavaciones arqueológicas y el estudio arquitectónico de las ruinas permiten discernir sobre sus estructuras, sus dimensiones, algunas características constructivas y materiales empleados.

LA HISTORIA

La Compañía de Jesús es una institución religiosa que fue fundada en España en 1531 por el español Ignacio de Loyola (1491–1556), un militar que luego fue religioso y declarado santo por la Iglesia católica.

Esta compañía llega a Suramérica a mediados del siglo XVI bajo la tutela del padre español Baltazar de Piñas (1537-1621), quien comandó la orden en Perú.

En el año 1568, con motivo de la primera expedición jesuita al Perú, en su paso por Panamá le solicitaron al padre Jerónimo Ruiz del Portillo (1532-1589) el establecimiento de un centro educativo regido por la Compañía de Jesús.

En 1594, la Compañía de Jesús se establece definitivamente en Panamá y toma la dirección de una escuela en Panamá la Vieja.

El colegio fue aceptado y reconocido. Otros religiosos permanecieron en nuestro país y se dedicaron a evangelizar en las iglesias y catequizar a los indígenas.

Los jesuitas eran conocidos por su prestigio. En la antigua Panamá tenían un sólido edificio cuyas ruinas todavía están en pie.

En enero de 1671 llegó el pirata Henry Morgan, que destruyó la ciudad y el colegio de los padres jesuitas con todas sus pertenencias. Los padres quedaron desamparados en la playa y en una ruina total.

LA NUEVA CIUDAD

Cuando reconstruyó la nueva ciudad en 1673, los padres jesuitas vivían en situación de miseria y el colegio se encontraba en malas condiciones. Con el tiempo y la generosidad de muchas personas, se logró construir un nuevo colegio. Francisco de Luna, futuro obispo de Panamá, insistió en encargar las cátedras en manos de los jesuitas.

El 3 de junio de 1749, por Real Decreto, se concedió licencia a fin de fundar tres cátedras (de Filosofía, Teología Moral y Escolástica) en el Colegio de la Compañía de Jesús en Panamá.

Así queda fundada la Real y Pontificia Universidad de San Javier. Estas cátedras contribuyeron, por aproximadamente 18 años, a la formación de muchos sacerdotes y ciudadanos panameños.

El convento fue terminado en 1751 y era uno de los mejores y más grandes de la nueva ciudad, en donde funcionó la Universidad de San Javier, que ocupaba toda la manzana.

Este trabajo se perdió con la Pragmática Sanción que firmó Carlos III en 1767, expulsando a los jesuitas de dominios españoles. El 2 de agosto de ese año, los jesuitas de Panamá fueron conducidos a prisión y desposeídos del edificio y de sus haberes. Se dice que en el exilio murió la mayoría.

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