MEMORIA HISTÓRICA

Las heridas siguen abiertas

Las heridas siguen abiertas
Las heridas siguen abiertas

Premiada en festivales internacionales y en el Cinelatino de Toulouse, la cinta argentina Sinfonía para Ana brinda una mirada inédita de la dictadura militar a través de una militante adolescente, buscando tender un “puente de memoria” a las nuevas generaciones.

Basada en una novela homónima de Gaby Meik, la película recrea el universo íntimo de Ana, una estudiante de 14 años del burgués Colegio Nacional de Buenos Aires, apegada a su vida adolescente y a la vez activa militante peronista en los años previos a la dictadura (1976-1983).

Poco a poco, lo que empieza como una esperanzadora resistencia se va tornando en infierno, con la muerte y exilio de sus compañeros, incluidos sus pilares relacionales –su novio y su mejor amiga–, borrando para siempre su mundo.

Ana es Isadora Ardito, la hija de los directores, Ernesto Ardito y Virna Molina, y exestudiante precisamente de este centro escolar.

Aunque más de un centenar de alumnos y exalumnos desaparecieron durante ese episodio negro tras haberse constituido como movimiento militante, ni Isadora ni sus compañeros habían oído hablar nunca de lo sucedido 40 años atrás en las mismas aulas.

Las heridas siguen abiertas
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“Nos pareció tremendo que como sociedad se desconociera la historia hasta dentro de su propio espacio. Como si no se tuviera identidad”, explica Virna Molina.

Así, la pareja cineasta, hasta entonces documentalistas que ya habían trabajado sobre la dictadura militar, como con Raymundo consagrado al cineasta Raymundo Gleyzer –desaparecido–, decidió lanzarse en su primer largometraje de ficción.

“El documental tiene sus límites. Queríamos ingresar en el universo íntimo de los personajes, tender un puente de memoria” para conectar a la generación de hoy con ese pasado, desde un lugar donde pudiera “identificarse”, afirma Ernesto Ardito.

Pese a la violencia del relato, esta es visualmente inexistente en la película: “Al no identificarla con una persona, puedes hablar mejor de terrorismo de Estado y además, si no lo ves, es más terrible”, destaca.

Igualmente, es desgarrador el dolor que se desprende de Ana a medida que desaparece su realidad cercana, cayendo en una soledad extrema, lo mismo que les sucedió a quienes volvieron del exilio y se encontraron con el horror de que su mundo ya no existía.

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