Para el dramaturgo Antonio Lozano, pocas veces Europa ha gestionado de manera correcta la llegada de hombres, mujeres, niños, ancianos y adultos, que llegan a esa parte del planeta en busca de un mundo mejor.
Para reflexionar sobre esta realidad, Lozano escribió la obra Me llamo Suleimán, una producción de Unahoramenos, que se presenta este miércoles 14 de marzo, a las 7:30 p.m., en el teatro Balboa, en el ámbito del Festival Internacional de Artes Escénicas de Panamá.
Me llamo Suleimán cuenta la historia de esos miles de seres humanos que viajan, muchas veces en condiciones deplorables, desde Malí hasta Canarias, con el único deseo de dejar atrás la pobreza y la desigualdad social.
En la larga lista de despropósitos de Europa, se ha equivocado en su política de cómo trata y maneja a los recién llegados. “Son el origen de estos movimientos migratorios: la trata de esclavos desde el siglo XVI en primer lugar, la colonización después y la situación de neocolonización en la actualidad, mediante la cual interviene económica, política y militarmente en las antiguas colonias, con el fin de expoliar los ricos recursos del continente africano, imprescindibles para la industria y el bienestar europeos”.
Con esto se impide el desarrollo de los países africanos y, de paso, “los condena a la miseria, y cuando los africanos viajan a Europa para encontrar el trabajo necesario para ayudar a los suyos, les esperan barreras infranqueables, físicas y administrativas, y en muchos casos, la muerte”.
Admite que en España la llegada de miles de africanos fue fundamental para el desarrollo económico del país. “Se encargaron de trabajos que nadie quería hacer. Ellos salvaron nuestra agricultura, por ejemplo, y aportaron a nuestra sociedad envejecida por la falta de crecimiento demográfico los recursos necesarios, con miles de adscripciones a la Seguridad Social para el pago de las pensiones y otras prestaciones sociales”.
Llegó después la crisis económica y ya nadie los quería. “Elevaron los muros y endurecieron la ley de extranjería. Sin embargo, los emigrantes siguen viajando hacia España y el número de muertos sigue aumentando. Estamos ante uno de los grandes dramas de la humanidad, y quienes pueden solucionarlo, el mundo industrializado, no tiene ninguna intención de hacerlo”.
Antes de Me llamo Suleimán, Antonio Lozano había escrito otras dos novelas sobre emigración, y ya había trabajado en el campo de la documentación.







