Amantes ardientes sigue los parámetros de toda comedia de enredos que merece respeto, es decir, las circunstancias divertidas, alocadas e increíbles que determinan los avances o los retrocesos en el destino de sus atribulados y amenos personajes.
Esta simpática obra tiene a su favor el desempeño de dos actores que saben de sobra su oficio de llevar a que la audiencia pase un buen rato de sano esparcimiento: Mónica Lauri y Augusto Galíndez.
Amantes ardientes se presenta hasta hoy sábado 4 de febrero, a las 8:00 p.m., en el teatro La Plaza, ubicado en el Downtown Plaza, avenida Samuel Lewis de Obarrio, al lado de Athanasiou.
PERSONAJES
El reto de Augusto Galíndez es encarnar a un hombre formal, casado, y quizás hasta sometido, que trata de aprender las diversas reglas y normas de la seducción moderna con cada nuevo intento de conquista, sin saber que el asunto es bastante difícil de lograr, aunque en apariencia parezca bistec de dos vueltas.
Mientras que Mónica Lauri entra y sale de la piel de las distintas damas que este patético caballero lleva a su atribulado nido de amor.
En la película cómica clásica El apartamento (1960), del director y guionista Billy Wilder, un señor presta su apartamento para que las parejas disfruten de las mieles del amor engañoso, y de paso, él pueda ascender rápidamente dentro de la compañía donde labora.
Amantes ardientes ocurre en otro apartamento, aunque el dueño del lugar es la mamá del personaje responsabilidad de Galíndez. Cuando la señora trabaja, su bellaco hijo se aprovecha de la situación y lo convierte en su improvisado matadero sentimental.
CONTENIDO
Si bien Amantes ardientes es una pieza cuyo contenido es bastante sencillo, son las acciones meticulosas y repetitivas del personaje de Galíndez, y la capacidad de Lauri de cambiar de rostro con gran facilidad entre una dama y otra, lo que le brindan complejidad y valor a este montaje dirigido a cuatro manos por Malky y Aaron Zebede.
Ambos intérpretes son el plato fuerte de esta labor escénica, así como también ayudan los diálogos rápidos que se intercambian (que no caen en la vulgaridad para encantar a la audiencia) el hombre ansioso en lo sexual y sus peculiares mujeres seducidas, así como la estupenda química que se registra entre Lauri y Galíndez.
En esta puesta en escena pasa a segundo plano si la infidelidad es un acto subversivo, transgresor, ofensivo, degradante, liberador o inmoral.
El texto le reserva a cada espectador que tome la decisión de si está a favor o en contra del adulterio.
Aunque a la larga la audiencia pasa por alto tomar una posición determinada, ya que uno se ríe ante los intentos fallidos de este dueño de un restaurante de mariscos que no logra cumplir su sueño de ser un acertado conquistador.
Quizás, en el fondo, la sorpresa de Amantes ardientes es también mostrar lo narcisistas, desesperados y solitarios que son algunos de esos hombres que desean encontrar fuera de casa la pasión que dicen tanto necesitar y anhelar.
