En Tesis sobre un homicidio estamos ante un thriller psicológico que cumple con las reglas que este género fílmico exige: maneja realidades inciertas para los personajes y los espectadores, está el disfrute de duelos actorales (en este caso entre Ricardo Darín, un profesor universitario, y Alberto Ammann, quien hace las veces de uno de sus astutos estudiantes); se presentan múltiples intrigas para entretener a la audiencia, y hay más de un giro sorpresivo en su trama llena de trampas.
Este filme, que se presentó por primera vez en el pasado Festival de Cine de Panamá, también tiene raíces provenientes de la novela negra, tanto la literaria como la cinematográfica, por lo que es la ocasión ideal para que invite a debatir sobre el alcance de la justicia y la utilidad de la ética, entre aplicar derechos y ejercer deberes, entre verdades que parecen mentiras y viceversa, entre la violencia que libera mentes brillantes y una paz que inquieta a sus posibles víctimas, todo esto bajo esas sombras enormes que son las filmografías de dos notables realizadores, el británico Alfred Hitchcock (en especial La Soga, 1948) y el estadounidense Joseph Leo Mankiewicz (en particular La huella, 1972).
El problema de este largometraje es cómo maneja y utiliza sus elementos argumentales.
Se han hechos cientos de títulos en torno a la brutal muerte de una víctima inocente, la presencia de un hábil y enfermo asesino, y unos obsesionados investigadores que están tras sus pasos.
El punto es que en ocasiones eso que no tiene originalidad alguna toma una renovada dimensión en películas como El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella, pero que se quedan cortas de vista en casos como Tesis de un homicidio, de Hernán Goldfrid.
