Ilusiones perdidas, adaptación de una novela de Balzac, ganó el César a la mejor película en la gala del cine francés, que transcurrió el viernes sin escándalos ni grandes proclamas políticas, excepto la denuncia de la invasión en Ucrania.
El film, del director Xavier Giannoli, de 49 años, es un retrato ácido de los inicios de la prensa en París, en pleno siglo XIX. Cumplió buena parte de los pronósticos y ganó siete Césares, pero Giannoli no fue a la ceremonia.
Como mejor director, la Academia francesa premió a Leo Carax, por la ópera-rock Annette, mientras que el César a la mejor actriz fue para Valérie Lemercier, por una pseudobiografía fílmica de la cantante canadiense Céline Dion.
El de mejor actor recayó en Benoît Magimel, por su rol de un enfermo terminal en De son vivant.
Una actriz no profesional, Aissatou Diallo Sagna, ganó el premio a la mejor secundaria por su papel de una enfermera en La Fracture.
En tanto, la actriz australiana Cate Blanchett recibió un César honorífico por su carrera, de manos de la también actriz y amiga suya, Isabelle Huppert.
Hubo también un momento de emoción para recordar a las estrellas desaparecidas, como Jean-Paul Belmondo y el joven actor Gaspard Ulliel.
Como queriendo insistir en un tono de discreción, la Academia no premió a una película que tuvo un gran éxito de público el año pasado, la policíaca BAC Nord de Cédric Jiménez, sobre la violencia descontrolada en los barrios de Marsella.
Tampoco tuvo premio Titane, la polémica película que se alzó con la Palma de Oro en Cannes.

