Quizás solo un reducido grupo de personas en el mundo entendería a cabalidad los estudios efectuados por el astrofísico británico Stephen Hawking (1942-2018) sobre la naturaleza del espacio y del tiempo, o sus teorías en torno a la creación y el funcionamiento del cosmos, pero lo cierto es que este científico gozaba de una popularidad planetaria que muchos colegas hubieran querido tener.
Era el investigador más famoso de los últimos 70 años, tanto dentro como fuera de los círculos más intelectuales. El único que podría quitarle el cetro de ser conocido por propios y extraños dentro de las ciencias modernas era el físico y filósofo alemán Albert Einstein (1879-1955).
Hawking, quien falleció ayer miércoles a los 76 años en la ciudad universitaria inglesa de Cambridge, fue el autor de libros indispensables como Agujeros negros, El gran diseño, La teoría del todo, El universo en una cáscara de nuez y La naturaleza del espacio y el tiempo, entre otros.
Para demostrar que no solo los académicos suecos se equivocaron a la hora de no otorgarle un Nobel a un Jorge Luis Borges o a un Franz Kafka, las contribuciones de Hawking tampoco fueron recompensadas con la mediática distinción en su área de estudio.
Stephen Hawking
Astrofísico
Pensándolo bien, igual ni lo necesitaba. Más de un ganador de los Nobel dedicados a las ciencias ya quisieran gozar de la presencia que despertó Hawking desde que publicó Historia del tiempo en 1988.
Hawking no solo fue uno de los símbolos del conocimiento contemporáneo en pos de entender los misterios del universo, sino que fue el canal perfecto para conectar las ideas de los científicos con el hombre de la calle, pues sus saberes fueron pasados al formato libro con bastante éxito.
Además, fue la prueba viviente de que no hay ningún reto que no pueda ser vencido. Se supone que moriría pronto debido a la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que sufría, una enfermedad que ataca las neuronas motoras encargadas de controlar los movimientos voluntarios y que lo dejó en silla de ruedas, aunque él siempre siguió adelante.
Se convirtió en toda una figura de la cultura pop mundial
Stephen Hawking pasó a ser una personalidad de la cultura pop. Por ejemplo, participó en siete episodios de la premiada serie de televisión The Big Bang Theory.
También estuvo presente en varios capítulos de dos populares programas de animación de la pantalla chica: Los Simpson y Futurama. Su vida y obra fue llevada al cine con la película The Theory of Everything (2014, Reino Unido), del director James Marsh, que obtuvo un Óscar en la categoría de mejor actor principal para Eddie Redmayne, quien encarnaba al célebre investigador.
Enfermedad de Charcot: el mal que no lo venció
Stephen Hawking sufría la enfermedad degenerativa de Charcot o esclerosis lateral amiotrófica. Es una enfermedad neurodegenerativa paralizante rara. Forma parte de un grupo de neuropatías motoras que provocan una degeneración física progresiva, haciendo perder a los enfermos el control de sus músculos.
Hawking solo era capaz de controlar un músculo de su cuerpo, el de la mejilla. Empieza con la pérdida de la capacidad de mover brazos y piernas. Cuando la parálisis alcanza los músculos del diafragma y la pared torácica, los pacientes pierden su capacidad respiratoria y requieren asistencia artificial.
Hawking desafió las previsiones que, a mediados de la década de 1960, le dieron dos años de vida, y siguió trabajando todo este tiempo en su silla de ruedas, conectado a un respirador artificial. El único músculo que podía mover le servía para comunicarse mediante un ordenador.



