Juego de Tronos regresa el domingo con su penúltima temporada, presagiando el final de una saga de sexo, violencia e intriga política.
Cersei Lannister se hizo del trono de hierro, mientras Jon Snown fue declarado rey en el norte después de resucitar, y Daenerys Targaryen ha zarpado hacia Westeros. Ahora el invierno ha llegado.
Faltan 13 capítulos para que Juego de tronos termine. Serán presentados en dos temporadas más cortas: la séptima, con los primeros seis, arranca este domingo.
La serie ha ganado críticas por el uso excesivo de la violencia y de la violación como un instrumento dramático. Los guionistas han brutalizado a mujeres, asesinado a niños y decapitado. Apuñalaron a sus personajes, los envenenaron, los quemaron vivos, les sacaron los ojos y las vísceras... todo con lujo de detalles.
La sexta temporada fue la primera que superó a la serie de libros de R.R. Martin Canción de hielo y fuego y que siguió su propio camino. La crítica ha dicho que esa temporada marcó un regreso a la forma, con una narrativa que permitió demostrar la complejidad de los personajes femeninos y les dio un poder moral del que carecían en las temporadas anteriores. Así, Cersei (Lena Headey) se apoderó del trono de hierro cuando su hijo menor -el rey Tommen- se suicidó tras ver que la iglesia en la que estaba su esposa y buena parte de la corte estallaba en pedazos. El atentado lo planificó Cersei para deshacerse de sus enemigos, incluido el Gorrión Supremo. Sansa Stark (Sophie Turner), víctima de una polémica violación que no estaba en los libros, terminó viendo a su agresor, Ramsay Bolton (Iwan Rheon), devorado por perros.
Los creadores de la serie, David Benioff y D.B. Weiss, anunciaron el año pasado que las dos últimas temporadas serían más cortas, y que la séptima comenzaría en el verano y no en abril, como las anteriores.
