En días recientes, el fotógrafo Eduardo Estrada, junto con Fredy Gaviria y María Peláez de Expedición Coiba, e Ingrid Arvelo de la fundación Panama Sharks and Sea Life Alliance, emprendieron un viaje hacia las islas Bahamas con el fin de averiguar las especies que habitan en las aguas de este archipiélago, y cómo este país desarrolló una legislación que protege la vida marina y facilita su conservación.
Enfrentadas por los tiburones
La pesca indiscriminada es uno de los desafíos para la conservación de los tiburones. Una de las acciones que podemos tomar desde casa para ayudar en la conservación de los tiburones es verificar cuál es el pescado de los ceviches que consumimos. Según Estrada, en muchos casos se suele usar la carne de tiburón. La cornivata, la gallina de mar y el lobito son algunos de este tipo.
La visita no sólo sirvió para examinar la belleza que habita debajo del mar sino para instar a que Panamá adopte una serie de políticas que permitan la sostenibilidad de la vida marina así como desmitificar la aprensión que tienen los seres humanos en torno a los tiburones.
La expedición se logró después de un año de intensos contactos con Jim Abernathy, quién tiene una larga trayectoria en lo que a la conservación de los tiburones se refiere.
Las políticas adoptadas por las islas Bahamas se contemplaron a inicios de la década de 2000, tras una serie de negociaciones entre el Estado y actores como las pesqueras nacionales e industriales y las empresas de ecoturismo.
“Bahamas es uno de los primeros santuarios internacionales referente a la protección de los tiburones y, por ende, es un sitio ideal para el desarrollo de actividades como el buceo seguro y la observación de los tiburones”, expresó Estrada.

En lo referente a la legislación utilizada para proteger las aguas de las Bahamas, tomó cinco años en ser desarrollada. Estrada y su equipo buscan estudiar los cambios realizados en esta atractiva zona del Caribe para ver la posibilidad de que puedan ser implementados en las costas panameñas.
La experiencia como tal
Estrada confiesa que al principio sintió algo de temor ante el tiburón, ya que no sabía cómo iba a reaccionar el tiburón frente a él.
Lo que sucedió después es totalmente distinto a lo que el ser humano suele imaginar respecto a la actitud agresiva que los tiburones podrían tener ipso facto.
“Tuve la oportunidad de acercarme a un tiburón y ocurrió todo lo contrario, no me sentí agredido. El tiburón disfrutaba de todo el cariño que yo le estaba dando. En ese instante, se me borró de la mente cualquier idea negativa sobre el tiburón”, relató el fotógrafo.
Manifestó que los tiburones son seres incomprendidos para los humanos, y afirmó que las probabilidades de que alguien que veraneé en una playa pueda ser mordido por un tiburón son cada vez más escasas.

