Ya no hay béisbol, ni carruajes de caballos, ni hordas de turistas. Han sido reemplazados por el canto de los pájaros, caminatas solitarias y un renovado aprecio por la belleza del Central Park de Nueva York debido al coronavirus.
El parque de más de 340 hectáreas, posiblemente el espacio verde urbano más famoso del mundo, suele hervir de actividad humana al comienzo de la primavera. Pero este año el protagonismo lo tiene la vida salvaje.
Más de 40 millones de visitantes llegan al Central Park cada año, y un enjambre de personas los recibe para venderles comida u ofrecerles paseos en bicitaxis o shows de breakdance.
Muchos llegan a rendir homenaje a John Lennon en el memorial de Strawberry Fields dedicado al difunto Beatle, o posan para fotos frente a una fuente similar a la de los créditos de apertura de la serie Friends.
Pero desde que los neoyorquinos recibieron la orden de hacer cuarentena a mediados de marzo, cuando la ciudad se convirtió en el epicentro de la pandemia de Covid-19 en EU, el parque se ha convertido en un lugar para hacer rápidas caminatas en solitario y reflexiones sombrías.
Lo más surrealista es la imagen de las 12 carpas blancas que componen un hospital de campaña con 68 camas en medio de una gran pradera verde en el lado este del parque, que atiende a pacientes de coronavirus enviados desde centros médicos vecinos.
El virus ha matado a más de 12 mil personas en Nueva York.
