Exclusivo
CORONAVIRUS

La cultura en tiempos de pandemia

La cultura en tiempos de pandemia
La cultura puede robustecerse, inspirando a la nación con un diálogo ciudadano. Archivo

Después de más de un mes de confinamiento, estamos agotados de la incertidumbre económica, de reconfirmar la fragilidad de nuestro sistema de salud, de las informaciones y decisiones gubernamentales titubeantes, de las paranoias colectivas, del terror inmediato o mediático.

Muchos buscan una guía o distracción a través de la religión o el internet, pero cada vez hay menos consuelo -real o deseado- en los mensajes colectivos de WhatsApp, en el manantial de las noticias erráticas o contradictorias del exterior y en la diaria conferencia de prensa con su conteo de fallecidos e infectados.

En lo personal me hago la misma pregunta una y otra vez: “Tú, que eres artista, ¿para qué sirve el arte y la cultura en estos momentos?”. No tengo grandes respuestas, pero sé que el arte y la cultura son, en esencia, solidarios. Proponen nuevos puntos de vista, hacen preguntas, nos ayudan a reírnos de nosotros mismos, a recordar cómo fue que llegamos a donde estamos, y qué podríamos hacer para trascender las catástrofes latentes, inminentes o abiertas.

Ahora más que nunca el arte y la cultura son necesarios. Solo a aquellos que nunca han podido relacionarlos con la vida cotidiana se les hace invisible su poder para ayudarnos a sobrevivir a través de un diálogo interior o colectivo.

Por su parte, el Gobierno decidió que la forma de responder a la pandemia era tratar al virus como a un enemigo y hacer de la política sanitaria una política de guerra, invocando nuestra disciplina y unión nacional. Así lo hizo Churchill con el pueblo inglés durante la Segunda Guerra Mundial, cuando en “su momento más difícil” sufría del incesante bombardeo alemán.

Muchos concuerdan que en estos momentos el país necesita dirigirse con una mano fuerte que controle a los que amenacen nuestra seguridad biológica, aunque algunos derechos individuales se vean socavados en el camino.

En esa misma línea, he escuchado opiniones que nos tachan como una nación de inconscientes, incapaces de acatar las medidas sanitarias.

¿Acaso no es la misma nación que orgullosamente ha manejado el Canal desde hace 20 años? Por supuesto que hay irresponsables que desobedecen las restricciones, pero el promedio es bajo si se compara con el porcentaje total de nuestra población y la fuerza pública ha mostrado efectividad en sus operativos.

Muchas de las “aglomeraciones” provienen de la mala aplicación personal del calendario de cuarentena. Por otra parte, somos testigos, cada día más, de protestas desesperadas en vecindarios obreros. Algunos quieren criminalizar la desobediencia. De ser necesario, sin duda es más sensato y moderado incrementar la dureza de las medidas administrativas (confinamiento supervisado en casa, multa, confiscación del vehículo…) y no de las penales.

Es imprescindible evitar el contacto público. No recomiendo lo contrario. Pero también es importante recordar a los que gozan de un aislamiento confortable, que este privilegio debe acompañarse de empatía, solidaridad y el firme apoyo a la comunidad y a los más vulnerables. Incluyo aquí a la educación para sugerir proyectos colaborativos entre las escuelas privadas a las que se les otorgue permiso para ejercer y las escuelas públicas, para que todos aprovechemos la oportunidad.

Es aquí donde el verdadero espíritu de nación puede aparecer: en entender las necesidades y situaciones de cada uno y nuestras diferencias colectivas. No en el estigma y el castigo. Si vamos a invocar la historia que sea para que nos ayude a superar nuestras pasadas divisiones y no para ahondarlas.

En la pandemia, todos somos víctimas, no enemigos. En estos momentos, el país necesita respuestas concretas de un gobierno que convoque a la sociedad civil a un diálogo para incorporar perspectivas y soluciones inmediatas y a mediano plazo, ganando asimismo en transparencia y representatividad, consolidando su posición e imagen política ante una posible perdida de credibilidad por el progresivo deterioro económico al que nos lleva la crisis. El reto es cómo preservar la praxis y los principios democráticos durante la pandemia.

Es aquí cuando la cultura puede robustecerse a través de la mano del nuevo ministerio, inspirando a la nación con un diálogo ciudadano que nos lleve a un nuevo pacto social: diverso y humanista. Quizás este sea el verdadero Panamá Solidario que necesitamos todos. Esta no es una propuesta romántica, sino necesaria, reflexiva, pragmática, incluyente y política, que plantea soluciones a partir del arte y la cultura para combatir la devastación social y espiritual de la pandemia. El ministro de Cultura es un artista y un gran conciliador. ¿Qué mejor tarea para él en este momento crítico que unir a la nación a través de la cultura y lograr que esta ocupe finalmente el lugar que le corresponde en nuestra historia?

(El autor es artista, abogado y educador)


Última Hora

  • 05:08 Se reportan 32 fallecidos y más de 700 heridos en Venezuela tras terremotos Leer más
  • 05:03 Sánchez seguirá su batalla para que se anulen los votos de los peruanos en el exterior Leer más
  • 05:00 Selección de Panamá: Se hizo lo que se pudo Leer más
  • 05:00 Hoy por hoy: No olvidemos a Nicaragua Leer más
  • 05:00 Así fue la gala de inauguración del Congreso Panamericano en 1926 Leer más
  • 05:00 La oposición evaluaría impulsar a Eduardo Vásquez, de CD, para frenar a Shirley Castañedas Leer más
  • 05:00 Caída del petróleo empieza a sentirse en Panamá con una nueva rebaja en los combustibles Leer más
  • 05:00 Violencia juvenil en Panamá: dos ataques con arma blanca en escuela de Colón Leer más
  • 05:00 Tal cual Leer más
  • 05:00 Panamá endurece controles al transporte de carga y prohíbe la importación de camiones con más de 15 años Leer más