Todo material audiovisual tiene la facultad de convertir un momento del tiempo en algo casi eterno. Las imágenes, los sonidos, los recuerdos, pueden ser reproducidos años después para crear puentes y que generaciones se conozcan, entiendan y aprendan. Pero en Panamá muchos de esos puentes se están perdiendo.
Es por eso que el Grupo Experimental de Cine Universitario (GECU), con el apoyo del Fondo de los Embajadores para la Preservación Cultural (AFCP) de la Embajada de Estados Unidos, continúa en su lucha por la recuperación del Archivo Fílmico Universitario, tomando medidas como la restauración de estos archivos y la capacitación de personal que pueda hacerle frente al desafío que es rescatar parte de la historia del istmo.
“Suena novedoso en cuanto a los conceptos de archivos audiovisuales y eso es porque lo audiovisual no ha sido algo que, tradicional e históricamente, haya sido considerado para ser conservado. Entonces el archivo histórico nacional de aquí o de cualquier lado, se ha dedicado mucho a la conservación de papel, fotografía, incluso de música, el sonido sí ha traspasado la barrera, pero no el audiovisual”, explica la especialista argentina Carolina Cappa, quien brinda apoyo a este proyecto con sus conocimientos y talleres de formación que se han dictado en el GECU. Comenta que el trabajo que se está haciendo es conservar para el futuro la huella de lo que ha sido la producción de sentido, de lenguaje, la creación audiovisual de Panamá.
“Si un país no tiene documentos históricos que le hablen de su pasado, muy difícilmente puede pensar en su presente y ni qué hablar de su futuro. Estamos viendo cómo muchas cosas se repiten en la sociedad y que si pudiéramos conectarnos de una manera más empática y directa con el pasado, tal vez no sucederían, porque aprenderíamos de él”, afirma Cappa sobre la importancia de resguardar estos archivos.
Agrega que “el cine tiene una capacidad de llegar a la gente que no tiene casi ningún otro documento y en ese sentido la producción audiovisual del pasado es valiosísima para conocernos nosotros mismos hoy”.
Pero aunque ya se hayan dado los primeros pasos para el rescate de estos documentos audiovisuales, no es un camino del todo fácil. Existe un atraso en comparación al tratamiento del patrimonio cultural en el sentido más tradicional, y la salvaguarda de los archivos audiovisuales es complejo, requiriendo de dinero, personal idóneo, tecnología tanto antigua como actual, y de una actualización constante que otro tipo de soporte de documentos no requiere.
El proceso
Los pasos de preservación de estos archivos comienzan desde que hay una cantidad de películas en latas, las cuales son abiertas, para ser identificadas, limpiadas, reparadas, catalogadas y luego digitalizadas –siendo este el proceso que traslada el fotoquímico al digital y el más costoso– para que finalmente se puedan ver y difundir.
Una vez se logra digitalizar una película, ese material debe conservarse en bóvedas acondicionadas para tal efecto, que tienen temperatura y humedad determinadas, y ese tampoco es un tema menor, sobre todo en un país como este, donde la temperatura y la humedad son altas. Actualmente el GECU cuenta con una bóveda adecuada para la conservación del material que se va rescatando.
Sobre cómo se selecciona el material que va a ser restaurado, Cappa hace una reflexión antes de contestar: “Venimos con un atraso muy grande del resguardo de este tipo de materiales, y lo vemos claramente en Panamá, y como no se viene haciendo trabajo sostenido durante mucho tiempo, de pronto ahora nos encontramos con que todos los audiovisuales están en riesgo; entonces, al momento de decidir qué debe conservarse y qué no, en realidad la primera respuesta a eso es: todo”.
Justo ese desprendimiento a la preservación acarrea otro tipo de insuficiencias, que dificultan un poco más el camino. “Cuando empezamos a pensar en que no tenemos dinero, personal, equipamiento, bueno se empieza a priorizar determinados documentos, algunos ya se convierten en históricos, como por ejemplo lo que pasa aquí en el GECU que se trata de un archivo de realización cinematográfica muy especial, de los años 1960 y 1970, que tienen una carga simbólica y de pertenencia identitaria en el país muy fuerte”, dice Cappa.
La digitalización
Dentro de los pasos mencionados, y ya recalcando que la digitalización es el proceso más caro, es también el más importante. “Si un material está hoy en muy mal estado de degradación, lo digitalizamos de forma casera, lo cual no brindará el resultado más óptimo posible, cuando en recién 10 años conseguimos una digitalización mejor. Este material que se está muriendo ya tal vez no llegué a existir para ese entonces”, apunta la especialista sobre la importancia de este paso.
“La digitalización es el método más complejo, y se necesita de un equipamiento bastante caro, que no existe en Panamá y no hay muchos en América Central”, advierte la también profesora.
Comenta que hace unos 10 años era imposible comprar uno de estos equipos, pero ahora “se podría promover la compra de uno para que esté aquí en Panamá; sería extraordinario para el país y toda la región, porque promovería digitalizar todos estos materiales y preservarlos a futuro”.
Entre lo antiguo y lo moderno
La preservación de lo audiovisual no es cosa de material del pasado. Gracias a las tecnologías actuales, las personas se han vuelto archivistas tanto de su vida como de la historia del país, haciendo que todo “obtenga un valor para construir una idea del mundo”.
“Lo antiguo tiene un riesgo muy grande, porque el [material] audiovisual actual y anterior, se conserva en soportes de plástico, magnéticos o digitales, y estos soportes tienen una vida útil y se van desgastando con el tiempo; entonces ese soporte que hace que el contenido sobreviva cuanto más viejo es más riesgoso”, manifiesta Cappa, quien no duda en decir que lo más viejo es lo primero que se trabaja, aunque lo actual también debería conservarse.
El mayor riesgo del material digital actual, menciona la especialista, es que es “muy descartable, efímero”. “Hacemos algo y desaparece, las storys en las redes sociales duran un día y ya no están más. Esa cuestión de vulnerabilidad es mucho más en el digital que en el fotoquímico, aun cuando el sentido común nos diría lo contrario. Pero van a durar mucho más aquellos materiales antiguos que los más nuevos. Entonces también es importante pensar qué hacemos con la producción actual”, indicó.
La necesidad del cambio
Ya sea fotoquímico o digital, antiguo o moderno, todas estas piezas que son testigos y reproductores de la historia se ven afectados más que por el tiempo, por el desentendimiento.
Cappa hace hincapié en la necesidad de crear “una masa crítica social que entienda que estos documentos tienen valor histórico, no solamente esta idea del cine como entretenimiento, sino que el audiovisual también es un documento. Si no tenemos un Estado que apoye, si no tenemos profesionales que estén capacitados, bueno nos va a costar mucho conservar lo viejo y ni qué hablar de lo nuevo”.











