El artista Cisco Merel exhibe a través de su última exposición La Máquina del Flow —que se puede ver en la Galería Mateo Sariel hasta el 16 de enero— un homenaje al lenguaje gráfico de los buses de transporte colectivo conocidos como diablos rojos por medio del arte abstracto.
Esa reflexión artística dio lugar a la creación de 17 nuevas pinturas de diversos tamaños que evocan el estilo del artista estadounidense Frank Stella, ampliamente conocido en su trayectoria por su estilo rompedor en lo que se refiere al minimalismo en las artes.
Una de las peculiaridades de esta exposición es que dos de las pinturas incluyen dos parlantes empotrados que emiten una banda sonora musical conocida como tanda de bus grabada por el discjockey Ritmo Equis, especializado en el género musical de la plena panameña. Un género que está estrechamente ligado a los diablos rojos.
Encontrando su voz. La obra del artista Cisco Merel
El curador de la exposición Jonathan Harker expresó que el artista Cisco Merel ha ido encontrando su voz mediante la perfección de su técnica a lo largo de los años. ‘Una de las cosas notorias de esta exhibición es que él ha modificado la gama de colores que él normalmente usa, yendo más allá de los colores primarios. Muchas de las personas en la inauguración comentaban que pensaban estar parados frente un diablo rojo a pesar de que esa pieza era abstracta’, dijo.
De igual forma, el visitante que entre a la Galería Mateo Sariel será recibido en la entrada con tres obras inéditas de Óscar Melgar, uno de los pintores de buses más célebres, así como un retrato tomado por Jaime Justiniani de otro legendario pintor de buses, Andrés Salazar, famoso en los años 1970.
Para Merel, los diablos rojos forman parte de sus recuerdos cuando era estudiante de secundaria del Instituto Justo Arosemena. En esa época, tanto él como sus amigos competían para determinar quién podría dibujar el diablo rojo “más yeyo” por lo que se fijaban en esos detalles estéticos que hacían únicos a estos buses.
Por otro lado, el espectador puede apreciar aquellas características que hacen a los diablos rojos uno de los medios de transporte característicos de la cultura panameña, como la calidad de su ornamentación y los pregones que decoran los parachoques así como otros puntos del autobús, entre otras particularidades.
Merel dice que el origen de uno de los elementos que se pueden apreciar en los diablos rojos, como lo son las líneas, se puede remontar a la década de los años 1950, concretamente a esa historia compartida entre Panamá y Estados Unidos que, a su vez, dejó un vínculo cultural entre ambos países.

Los diseños de los diablos rojos también son un reflejo del arte popular panameño y los oficios tradicionales del país, como la soldadura, la carpintería y la confección de los carros para el Carnaval.
“Llevo 20 años trabajando como artista, y siempre he estado trabajando sobre la abstracción y esta exhibición, en lo personal, es una de esas en las que traté de rescatar mucho mi background como artista. Primero, he tratado de investigar sobre el arte popular, que me ha influenciado muchísimo, principalmente el de los diablos rojos”, relató.
Por otro lado, consideró que ésta ha sido una de las exposiciones “más panameñas” que realizó durante su carrera, y dijo que recopila todo aquello con lo que ha crecido.
“En el mundo del arte también estuve haciendo otras cosas, pero siempre me ha interesado la abstracción”, agregó Merel, al tiempo que comentó que la tradición de pintar buses está desapareciendo. Es una cultura que se está intentando preservar y pasar de generación en generación para que no quede en el olvido.

De igual forma, expresó que el arte de los diablos rojos no es lo suficientemente valorado, a pesar de que es creado con pintores con mucho talento y diversos conocimientos relacionados a los colores, la geometría, etc.
“Se vieron las cosas negativas de los diablos rojos pero nunca se vieron las cosas positivas, y yo como artista crecí viajando en estos buses. Esa es la parte positiva que rescato y resalto”, apuntó.
Los diablos rojos, de alguna manera, también son un reflejo de la sociedad y del sentir de la calle, ya que en la parte trasera de estos vehículos se pueden observar personajes que destacaron por su marcado paso en la historia nacional e internacional, como la cantante cubana Celia Cruz o un personaje antagónico, como lo es el narcotraficante mexicano Joaquín El Chapo Guzmán.
Si bien este no es el énfasis de Merel en su obra, es uno de los puntos a destacar al igual que los diseños abstractos, que son el centro de esta muestra y constituyen un lenguaje universal que se puede identificar y que no habla solamente de formas sino que contiene un significado en sí. “Trato de resumir ese lenguaje y crear una exhibición en torno a ello”, agregó.

Colaboración amena
El curador de la exposición Jonathan Harker describió la experiencia de trabajo con Merel como “amena y placentera”.
“Cisco y yo nos conocemos desde hace muchos años. Nos conocimos en la calle y después en la Séptima Bienal de Arte, pero nunca habíamos tenido la oportunidad de trabajar juntos. Él me llamó hace unos meses atrás y me pidió que lo ayudara, ya que era una muestra importante para él en lo personal, y estuvo planificándola por mucho tiempo”, dijo.
Posteriormente, fue al estudio y lo entrevistó entre tres y cuatro ocasiones —no sólo sobre sus obras en particular sino de sus trayectorias y vivencias— para elaborar el texto que describiría la muestra. “Él me decía que podía dibujar un diablo rojo de memoria”, apuntó Harker, quien también asistió en la nomenclatura de las piezas, así como en otros procesos. “El curador es como una partera que ayuda al artista en el proceso y facilita las cosas”, comentó.


