La última palabra

La pedagogía fortalecida por la tecnología

Hay un tiempo para sanar;/un tiempo para destruir,/ y un tiempo para construir;/un tiempo para llorar,/ y un tiempo para reír. Hay un tiempo para protegernos de la plaga perversa. Un tiempo para salir a la escuela. Como antes. ¿Cuándo llegará ese tiempo para ir a la escuela? ¿Antes de la vacuna, si la hay, o después? Como la superficialidad mueve muchos comportamientos, se cree que habrá un milagro y, zas, toca la campana y regresamos a la escuela.

Mientras no estén protegidos y seguros nuestros estudiantes –casi 1 millón, si sumas todos los niveles- no deben moverse ni formar las aglomeraciones características de la escuela, colegios y universidades.

¿Cuándo será ese día? No lo sabemos. Aunque hay en el patio mucho Nostradamus (y Nostradamas, por aquello del género). Mientras ese momento llega, y a esa pandemia no le urge, trabajemos con los recursos que tenemos, como en el momento inicial de muchas iniciativas humanas.

Solo había ideas de una vía interoceánica por Panamá hasta el 30 de diciembre de 1879 cuando inauguró el visionario, diplomático y empresario francés Fernando de Lesseps la construcción del Canal de Panamá. Llegó con la aureola de haber construido el Canal de Suez. De aquí salió derrotado 10 años después por la repulsa que causó el escándalo por la corrupción de los fondos del proyecto.

Nuestra educación tiene que ser reinventada con los recursos que disponemos, con otros tiempos, con otros recursos, con otra actitud y mentalidad. Y la creatividad adelante. Con soluciones heróicas, que el tiempo que vivimos no es de felicidad y bonanza. (Italia decidió aprobar el año de todos los alumnos, y en España se baraja emular ese camino).

Celular. Panamá es el Estado de Latinoamérica con uno de los mayores promedios de celulares per cápita. Casi dos por persona. Pero en muchos lugares se carece de señal o señal robusta para la educación virtual. Al Estado corresponde construir redes poderosas para superar la brecha digital y que la escuela funcione, mientras sea necesario, vía digital. Que a cada estudiante se le ponga en sus manos una laptop o un dispositivo con el que pueda ingresar a la Biblioteca Universal e interactuar con sus maestros. La tecnología potencia la pedagogía, y es bueno que lo sepan seudoexpertos que indican que la responsabilidad de los fracasos corresponde al dispositivo celular. Como si la calentura estuviera en la sábana. Es el uso que se le dé a esos aparatos, laptop, tabletas o computadoras.

Metodología. Se han roto patrones. Hay nuevos paradigmas. No podemos ni analizar ni evaluar nuestro presente y futuro con las reglas o herramientas anteriores a este desgraciado Covid-19. (En México, ya bautizaron a un bebé con ese adefesio).Los padres tienen que involucrarse más en la educación de sus hijos, con los recursos que dispongamos. Entender cuál es la función de los educadores, y ellos deben reinventarse, atender sus responsabilidades bajo esta catástrofe.

La educación nuestra tiene que ser de calidad, no importa las circunstancias en la que nos ha tocado vivir, y de servicio a la comunidad y al mundo, con un sentimiento fortalecido de solidaridad y ayuda, de responsabilidad social, y con un énfasis en el conocimiento de la tecnología, la ciencia, matemática y los idiomas que engrandecen a cada individuo.

Edición Impresa