Con un semblante cansado pero siempre manteniendo una sonrisa en el rostro, la piloto belga Zara Rutherford aterrizó el pasado lunes en una pista de aterrizaje del aeropuerto de carga de Tocumen, donde fue recibida con los aplausos y el entusiasmo de quienes la estaban esperando en suelo panameño.
Rutherford venía procedente de la ciudad colombiana de Barranquilla; después de varios retrasos debido a las condiciones climáticas, finalmente logró aterrizar alrededor de las 5:20 p.m.
La piloto cumplía así una escala más en un viaje a bordo de una aeronave microligera de alto rendimiento tipo Shark —de fabricación europea—, que empezó el pasado 18 de agosto, cuando despegó en su natal Bélgica. En lo que lleva de viaje ha surcado por Reino Unido, Islandia, Groenlandia, Colombia, Canadá, Estados Unidos, Costa Rica y México, entre otros países. Se prevé que el trayecto termine en noviembre, en Bélgica, tras haber atravesado Rusia, China, Indonesia y el Medio Oriente.
Difícil, pero grandioso
Unos minutos después de aterrizar, Rutherford relató a La Prensa que el trayecto hacia Panamá había sido difícil, ya que, entre otras cosas, había una tormenta justo en el momento en el que llegaba a tierra. “Estaba tratando de evitar la lluvia, pero fue maravilloso poder aterrizar”, expresó.
Si bien debió llegar a Panamá el domingo 5 de septiembre, las lluvias acaecidas en el municipio de Quibdó, en Colombia, le impidieron retomar el vuelo, por lo que tuvo que retrasar su llegada a Panamá hasta el día siguiente.
Zara Rutherford siempre quiso ser piloto. Desde muy temprana edad acompañaba a sus padres, pilotos de profesión, por lo que podría decirse que creció entre aviones. “A mí, mis padres me enseñaron lo básico para volar. Ellos me ayudaron bastante. Sin su ayuda, no estuviera aquí hoy”, expresó.
Desde que era muy pequeña, soñó con recorrer el mundo. “Siempre pensé que iba a ser imposible. Cuando terminé la escuela, le dije a mis padres que quería volar por el mundo. Ellos aprobaron la idea y encontré los patrocinios de compañías como ICDSoft. Sin ellos, no hubiese tenido la oportunidad de hacer esto”, agregó.
Además de promover la integración de las mujeres en la aviación, Rutherford busca aportar su granito de arena a la causa relacionada con la inclusión de las niñas y las mujeres en las carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas).
'”Un 5% de las pilotos comerciales son mujeres. Esa es una cifra muy baja, por eso estoy esperando que a raíz de esto muchas mujeres se involucren en la aviación y se logre la paridad de un 50% entre hombres y mujeres”, dijo al tiempo que llamó a las niñas y jóvenes a aprovechar las oportunidades que se presenten en el camino para poder lograr sus sueños.
Por otro lado, uno de sus lugares favoritos en el viaje que efectúa es Groenlandia, un lugar único, según ella. “No hay ningún otro lugar como ese. Vi mucha naturaleza pero no muchos animales. Groenlandia tiene unas montañas asombrosas, con diferentes planicies, además de icebergs muy fríos. Fue emocionante ver eso por primera vez”, relató.
En el trayecto ha tenido distintas experiencias conociendo gente, por ejemplo, a un científico en Groenlandia que examina los efectos del cambio climático en esa zona del mundo, y al empresario y filántropo Richard Branson, con quien se reunió después de aterrizar en las Islas Vírgenes Británicas.
Zara Rutherford sueña con convertirse en astronauta y espera ingresar a la universidad para estudiar informática e ingeniería en computación. Sus mayores inspiraciones son la piloto estadounidense Amelia Earhart y la cosmonauta rusa Valentina Tereskova.

