Hicieron falta casi 45 años para que España acogiera el Guernica que Picasso pintó en París con la obsesión de verlo un día expuesto en un país liberado de Franco, una “odisea extraordinaria” explicada ahora en un libro.
“¡Guernica es el asunto de mi vida!”, aseguró el artista español en su primer encuentro en 1969, con Roland Dumas, su albacea y autor de Picasso, ese volcán que nunca se apaga, junto al historiador de arte Thierry Savatier. “Eso quería decir: ‘¡es mi obra maestra!”, explica Dumas, exjefe de la diplomacia de François Mitterrand.
Picasso, entonces de 88 años, se había dirigido a Dumas para proteger jurídicamente su preciado cuadro de los intentos del dictador español Francisco Franco, totalmente inesperados, de hacerse con él.
La obra había nacido de un “encargo de la República española”, entonces en plena guerra civil (1936-1939) contra las fuerzas nacionalistas. Su destino era el pabellón español de la Exposición Universal prevista en julio de 1937, en París.
El primer estudio está fechado del 1 de mayo de 1937. El bombardeo de la localidad vasca de Guernica por parte de la aviación nazi aliada de Franco había tenido lugar ese 26 de abril.
Picasso “finalizó su lienzo el 4 o 5 de junio”, explica Savatier. “Luego le dio su nombre”, según varios testimonios. El artista había “cobrado 150,000 francos”, aunque “nunca se halló el recibo en los archivos españoles”, según el historiador. La suma “englobaba el Guernica y cuatro grandes esculturas de cemento”.
Tras su exhibición en la Exposición Universal, la obra y sus trabajos preparatorios llegaron en 1939, al MoMa de Nueva York, donde fueron conservados.
Roland Dumas le había recomendado “designar a alguien susceptible de tomar la decisión de entregar el Guernica a la República de España”, en caso de que el artista muriera antes. Terminó siendo él.
