Para el foráneo, la rivalidad que hay entre Calle Arriba y Calle Abajo de Las Tablas durante el Carnaval es casi inexplicable. No solo por las pullas que se tiran en medio de las tunas, en las que las reinas y sus familiares se exponen a un minucioso escrutinio musical; y los “topones”, momento en que simpatizantes de ambas calles quedan frente a frente y la presencia policial no es precisamente parte de un montaje; sino porque el resto del año los participantes, de lado y lado, entran en una especie de tregua en la que predomina la amistad, la familiaridad y la camaradería.
“Somos hermanas que compiten por la belleza, baile, lujo, alegrías, pero seguimos siendo dos hermanas”, dice Edgardo Domínguez, representante de Calle Arriba.
Sus palabras son secundadas por su contraparte, Carlos Morales, de Calle Abajo: “En Carnaval todos tenemos un sentido de pertenencia tan marcado que cuando llega la fiesta cada uno va a su esquina, pero el resto del año nos vemos en los cumpleaños, entierros, comprando lotería en el parque, en la misa, tomando la paz, somos un solo pueblo”.
Durante la conferencia El Carnaval tiene su historia, organizada por el Ministerio de Cultura junto con el Museo del Canal Interoceánico de Panamá, ambos representantes señalaron que no hay documentos que indiquen los inicios de estas fiestas en Las Tablas o los orígenes de la rivalidad. “Aunque, oficialmente, ambas tunas fueron establecidas el 17 de abril de 1935”, comentó Domínguez.
“Posiblemente, el origen de la festividad, según las tradición oral, se remonta a la época de la colonia, con la pugna de devociones entre la Santa Cruz con Santa Librada. Las Tablas es fundada por migrantes que venían de distintas zonas y cuando ocurre el asalto a la Ciudad de Panamá La Vieja (1671), muchas de las familias que llegaron huyendo de la catástrofe traían nuevas costumbres y, obviamente, hubo un choque de: “¿Quién era esa gente que llegó aquí? ¡Y con santo nuevo! Y como decimos los tableños: ¡Quién ha dicho!”, relató Morales.
Morales también hace una analogía sobre la relación entre religión y festividad. Señala que “es una tradición para los tableños ir detrás de la reina, como ir detrás de los santos o de las andas en las procesiones tiene un contexto histórico religioso muy estrecho, en donde nosotros nos comportamos de una manera muy particular tanto para rezar como para fiestas. Siempre vamos detrás de algo”.
Ya para 1862 hay registros que hablan del martes de Carnaval, mientras que en 1895 es la primera vez, documentada en coplas tableñas, que se saca un carro alegórico, y era de Calle Arriba. “Hubo un desastre para la Calle Arriba, le hicieron una barca llena de flores, y salieron cantando: ‘recoge las flores, vámonos muchachas bonitas tengo yo’. Calle Abajo calladita, pero la barca se desparramó y las flores y la carreta, que la manejaba el cojo Díaz, tío de la reina, quedaron tiradas. Entonces Calle Abajo le cantó: “’ya salió la Calle Arriba a presumir su carreta, llevando por timonel al hombre de las muletas” y “le pegó la ventolina y la carreta se desparramó en la esquina de las Molinas’”, narró Morales.
Para esas fechas las reinas que se coronaban pertenecían a las familias pudientes, que eran las que podían pagar los costos de la actividad. Ellas, junto a sus familiares y amigos, bailaban en el Aula Máxima del presidente Belisario Porras (1856-1942), mientras que el pueblo celebraba en la calle, pero al final fue la festividad pública la que ganó como favorita y la que queda hasta la fecha.
A medida que pasaron los años el Carnaval tableño fue pasando por distintos cambios Antes de 1953 era una festividad armonizada por caja y tambor, pero a partir de esa fecha se introducen los instrumentos de viento. Durante esa misma década los trajes, que eran mucho más sencillos de los que se presentan hoy, eran alquilados en el Club Unión de Panamá, y para los años de 1960 se comenzaron a llevar los modistos al pueblo. A inicios de esos años también comienza la tradición de utilizar disfraces haciendo alusión a alguna cultura o mitología, siendo el lunes de Carnaval el día utilizado para dicha alegoría, mientras que el sábado y domingo las reinas salían de fantasía y pollera montuno, respectivamente. También se hacían las grabaciones de las tonadas que se popularizaron en las estaciones de radio de Las Tablas. Hoy se hacen en estudios de grabación y se comercializan.
Son los años de 1980 cuando la escala cambia y comienzan a aparecer los grandes tocados, la fantasía y la opulencia que crece al pasar el tiempo, en una fiesta que beneficia e involucra la mano de obra local tableña. Con actividades en las que “cada empanada cuenta” y la economía permea en las familias locales.
Visto desde afuera, el Carnaval en Las Tablas parece ser solo cuatro días de desenfreno, pero es una celebración que guarda el sentir y la historia de un pueblo. Ha preservado el recuerdo de generaciones, de hombres y mujeres que permanecen vivos en el jolgorio cuando las coplas suenan, de historias que son transmitidas entre familias, de un pueblo cuyos habitantes parecen distanciados durante los días de las fiestas, pero que pasan juntos el resto del año por salvaguardar su legado.

