El camino de Mulan no ha sido fácil, tanto en la ficción como en la vida real. La nueva película live action de Disney ha estado envuelta en distintas controversias que han opacado su reciente estreno en la plataforma de streaming Disney.
Llamado a boicot
El primer lastre comenzó el año pasado luego que la actriz de origen chino Liu Yifei, quien da vida a Mulan, mostrara su apoyo a la represión policial durante las protestas en Hong Kong, en contra de la nueva Ley de seguridad nacional.
La actriz escribió en redes sociales: “Apoyo a la policía de Hong Kong, pueden (sus seguidores) atacarme ahora”. Algo que causó la indignación pública, principalmente en el país asiático, y se lanzó un llamado de boicot a la cinta con el hashtag #BoycottMulan.
Si bien el hecho no pasó a mayores, este año la polémica resurgió debido a un mensaje en los créditos finales de la cinta, en los que Disney agradece a las autoridades de la región de Xianjing, donde se rodó parte de la película, así como a las fuerzas de seguridad de la ciudad de Turpan. En esta región al noroeste de China vive la etnia musulmana uigur, quienes se encuentran fuertemente reprimidos por el gobierno de Beijing en campos de reeducación.

Cines en guerra
La pandemia ha golpeado fuertemente a las salas de cine, que esperaban recuperarse con la ayuda de los grandes estrenos de temporada como Mulan. Es por eso que en todo el mundo muchos dueños de cines han mostrado su descontento con la decisión de Disney de estrenar la cinta dirigida por Niki Caro (Anne with an E - 2017 - 2019) en el servicio digital, a un costo de de 29.99 dólares, más la suscripción a Disney+.
Algunos exhibidores en Estados Unidos catalogan esta maniobra como un “golpe mortal”, según publicaciones del portal Deadline, haciendo alusión a la posibilidad que las demás productoras sigan el ejemplo y estrenen sus producciones directo al formato digital.
Aunque todavía hay algunos que se mantienen positivos, como la visión Rick Roman, un dueño de salas de cine en Kentucky, que para el mismo artículo declaró: “Disney debería darle a todos los teatros a Mulan. La reproduciré incluso si está en PVOD. Ver Mulan en la pantalla grande es una experiencia muy diferente a verlo en la televisión. Apuesto a que venderé aproximadamente la misma cantidad de boletos aunque esté disponible en los hogares. La gente quiere la experiencia de ver películas en la pantalla grande”.

La sombra de su predecesora
Las comparaciones siempre son odiosas, pero muchas veces necesarias, sobre todo tratándose de un remake. La nueva versión de Mulan está muy por debajo de su predecesora animada de 1998. Las razones son varias, entre que no tiene un tono consistente, las historias están poco desarrolladas o la falta de un clímax que jamás llega, o por lo menos nunca se sintió.
Su fuerte sigue siendo el personaje de Mulan en sí, cuya historia de una mujer que reta las normas sociales, familiares y a ella misma, continúa teniendo vigencia en una sociedad en la que las igualdades aún son tarea pendiente. En este punto la cinta, cuya producción tuvo un costo de 200 millones de dólares, sí pareció querer ahondar un poco más, integrando a una nueva villana con motivos que agregan valor a la trama o restándole importancia a una historia amorosa, pero se quedó solo en eso: intenciones.
Se perdió la oportunidad de explotar más la rica cultura e historia china, de explorar la ambigüedad de los personajes o por lo menos ofrecer al espectador combates épicos.
Mulan no es la cinta de acción que sus avances prometían, ni una versión más adulta del clásico animado, es simplemente una producción destinada a entretener al público infantil y a esa medida cumple con su propósito.
