ARTE

El legado de Jiro Taniguchi

El arte de Taniguchi causó sensación en Japón a finales de la década de 1980 con ‘La época de Botchan’.

El legado de Jiro Taniguchi
Jiro Taniguchi se dedicó a contar historias sencillas sobre los barrios japoneses.

Jiro Taniguchi, uno de los maestros del japonés, murió el sábado en Tokio a los 69 años como consecuencia de una enfermedad, dejando como legado historias sencillas y humanas que recrean la vida cotidiana en su país.

Galardonado en numerosas ocasiones en su país y en Europa, Taniguchi causó sensación en Japón a finales de la década de 1980 con La época de Botchan. Una década después, se dio a conocer en el extranjero con Barrio lejano, su obra maestra, y mostró poco a poco un eclecticismo celebrado por sus compañeros de profesión con como El gourmet solitario, El almanaque de mi padre o Un zoo en invierno.

Sus historias sencillas y humanas reflejaban con precisión la intimidad de los barrios japoneses, y ofrecían un recorrido por el día a día de su país que recordaban el cine de su compatriota Yasujiro Ozu, con temas universales como la familia, la niñez o la naturaleza.

Taniguchi, que reconocía la influencia de dibujantes europeos como Jean Giraud (Moebius), sedujo a numerosos lectores en el mundo entero, especialmente en Francia. “Preparaba una nueva obra para la familia, una historia en tres tomos, El bosque milenario”, todo en color, una novela corta cercana al ”, indicó su agente y traductora al francés, Corinne Quentin.

“Nos sedujo su obra íntima y falsamente nostálgica, pero era ante todo un gran autor”, asegura Sébastien Langevin, redactor jefe de la revista francesa especializada Canal BD Manga Mag. “No le gustaba el avión, pero era tan curioso y viajaba mucho en su cabeza, lo cual queda claro en sus obras menos famosas que Barrio lejano”, dice Quentin.

Nacido en agosto de 1947 en Tottori, en el seno de una familia muy modesta, Taniguchi empezó en el en 1970 con Un verano seco. Luego se dedicó al policíaco y se interesó por el registro histórico con La época de Botchan (1987), antes de abordar en los años 90 unos relatos centrados en personajes de los que dibujó tanto la silueta como el alma.

Muy afectado por el tsunami y la posterior catástrofe nuclear de Fukushima en 2011, estuvo a punto de renunciar a su oficio, según confesó en una entrevista con la AFP, al no encontrar la utilidad de su trabajo en medio de semejante desastre. “Fueron los lectores, entre ellos los franceses, que me incitaron a seguir”, aseguró entonces el dibujante, que trabajaba al viejo estilo, sin ordenador, porque no sabía hacerlo de otra forma.

En 2011, Francia le entregó la insignia de Caballero de la Orden de Artes y Letras. “Magníficos sus dibujos de Venecia en un cuaderno de viajes. ¿Cuántas personas hay en el mundo capaces de recrear tan bien la belleza veneciana, el mar veneciano, el aire veneciano?”, escribió en su blog la dibujante Mari Yamazaki.

“Tenía un registro de tal eclecticismo que uno siempre se preguntaba cuál iba a ser su obra siguiente”, declaró a la AFP el dibujante de J.P. Nishi. “El es una parte del cómic con unos códigos muy fuertes. Y en el interior de esos códigos, él supo crear obras que se dirigían al mundo entero”, recuerda Langevin.


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