Martes al mediodía. El sol no perdona. Y sin embargo una gran cantidad de turistas se deleita en la plaza Bolívar.
Se aprecian tertulias bajo los paraguas. Acompañan el palique con un mojito de maracuyá. Vibra la plaza con las notas de un instrumento de cuerda, y los vendedores de rosas hacen sus mejores ofertas. El olor a mariscos se mezcla con el de la carne asada y el del café recién tostado.
Así es el ambiente ahora, un lugar bautizado en 1883 por el Consejo Municipal como un homenaje al Libertador Simón Bolívar (1783-1830), fundador de la Gran Colombia y figura clave de la emancipación americana.
Al principio del surgimiento de la nueva ciudad, después del ataque del pirata Henry Morgan, en 1673, este era tan solo un solar con casas modestas que fueron destruidas con el fuego de 1756.
El solar quedó desocupado, según los planos de la ciudad del Casco Antiguo de Panamá de 1850 y 1880. Entonces era conocido como San Francisco.
La plaza tuvo su inspiración en el modelo de la plaza mayor, o plaza de la Independencia, mejor conocida como plaza Catedral. Su origen data de 1688, según fotografías de finales del siglo XIX.
Bolívar escogió a Panamá como sede del Congreso Anfictiónico de 1826, que buscaba unificar a Latinoamérica. La convención se celebró en el Palacio Bolívar –donde está el Ministerio de Relaciones Exteriores– en el salón con el mismo nombre.
Una centuria después se transformó con motivo del primer centenario del Congreso Panamericano Conmemorativo Anfitictiónico. En este marco se inauguró un complejo escultórico dedicado al Libertador.
EL MONUMENTO
Para la ejecución de esta obra, el ministro de Relaciones Exteriores de Panamá Horacio Alfaro (1872-1951) eligió al escultor español Mariano Benlliure. La pieza fue develada por el presidente de Panamá, Rodolfo Chiari (1869-1937) en 1926. En el centro de la plaza se encuentra la escultura de Bolívar de pie bajo un gran cóndor con la leyenda “Las naciones de América al libertador Simón Bolívar”.
A Benlliure se lo considera el último gran maestro del realismo del siglo XIX. Se caracteriza por un sentido “narrativo, minucioso y realista”. El artista estudió a profundidad la vida del Libertador y los monumentos erigidos en su memoria. Descubrió que casi todos los monumentos resaltaban la faceta militar de Bolívar.
Pero fue su condición de hombre civil y organizador de naciones la que pesó a la hora de representarlo en el monumento. El autor consideró la estatua como su obra de “mayor significación internacional”.
El conjunto tiene dos frentes en torno a la figura de Bolívar. Un lado aislado, en la parte posterior, enarbola las banderas de Argentina, Chile, Bolivia y Colombia, acompañadas de relieves que representan la emancipación de los esclavos, la proclamación del Libertador como padre de la patria, el grito de la independencia americana y el paso del ejército independentista por la cordillera de los Andes.
En el otro lado, dos figuras que representan la libertad y la victoria estrechan sus manos en la parte superior, bajo un cóndor que despliega sus alas para emprender el vuelo: el símbolo de América del Sur. El monumento se elaboró en bronce y algunas partes en granito.
LA PLAZA
Según imágenes del fotógrafo Carlos Endara (1865-1954), se aprecia un decorado mínimo de discretos faroles de luz eléctrica, bancas de cemento y un césped “discreto”, que destacaban el monumento como una de las principales atracciones de la plaza en 1926.
El balaustrado fue eliminado en 1976 y solo quedaron las escalinatas. La arquitectura histórica de la zona es uno de los elementos que más le llama la atención a visitantes como José Luis Rodríguez. “Me gusta apreciar la belleza de los hermosos edificios alrededor de la plaza”. Uno de ellos es el antiguo hotel Colombia, la edificación color ladrillo sobre la esquina que se construyó en 1937. Ahora es un condominio y en la parte de abajo está el restaurante Casa Blanca. Es frecuente ver a los meseros en busca de comenzales. Jason Díaz es uno de ellos y afirma que la estatua de Bolívar es lo que más llama la atención de los visitantes asiduos en verano. Gloria Smith, guía turística independiente, concuerda con Díaz: “Les llama la atención la estatua, en especial a los latinoamericanos, porque en las principales ciudades hay una escultura del Libertador, pero la de Panamá es completamente diferente”.
Comenta que intenta no agobiar a los turistas con tanta historia, pero necesariamente les recuerda que el monumento tiene dos grandes nombres: “Padre de las naciones y Arquitecto de las naciones”.
En la noche, el color del Libertador se vuelve aceituna porque recibe el reflejo de las luces de los balcones, los bares y los restaurantes. La gente olvida la historia, el pasado. Baja la temperatura; el ambiente se relaja y se hace bohemio.






