Madre es un sentimiento, una vocación, una emoción, un recuerdo. Una palabra que por sí sola evoca la figura de una mujer y que lleva consigo la ambigüedad de aquel amor que no puede ser explicado.
Pero, a veces, cuando las palabras se quedan cortas, el corazón busca otras formas de expresarlas, y en el caso del pintor panameño Kansuet ha sido el arte el que le dio esa oportunidad de exaltar el amor a su madre.
Memorias, nombre de la más reciente colección del pintor, es un homenaje a la madre de este que, como confiesa, está “dedicada con mucho amor por tantos años de esfuerzo y cariño”.
Compuesta por 12 obras, esta exhibición virtual puede ser apreciada por el público en la página web de Allegro Galería (www.allegrogallery.net) desde el pasado 5 diciembre.
“Esta exhibición está dedicada a mi mamá, que falleció hace ocho meses. Todas las obras llevan algún pedacito de ella, algún recuerdo que dejó a la familia, entre ellas, el sabured (falda que usan las mujeres gunas), que es el elemento principal de esta serie de obras”, compartió el artista, y explicó que se trata de una exhibición “más íntima, más personal”, pero sin alejarse de las temáticas anteriores de su trabajo, solo cambiando el entorno de los personajes y los elementos utilizados para la composición, que son objetos que pertenecían a su madre, “lo que crea esa atmósfera sentimental dentro de las obras”.

Pero, más allá de esta exposición en particular, la madre del pintor siempre ha estado presente en sus pinturas, ya que fue de ella de quien heredó el talento para el dibujo, y fue ella la responsable de los gratos recuerdos que guarda el artista de su niñez, que también plasma en sus trabajos.
“El recuerdo más bonito que tengo de mi madre es mi niñez, los cuidados de ella para conmigo, y aún en sus últimos días estuvo cuidándome”, contó.
Y es que, como compartió el pintor, más allá de sus logros como artista, de los cuales su madre estuvo muy orgullosa, para ella lo más importante siempre fue el bienestar de su hijo.
Aún en su ausencia física, de ella le quedan los consejos que trata de seguir a diario: “A pesar de que mis padres nunca fueron a la escuela, mi madre siempre me inculcó ser responsable y una mejor persona. El objetivo de ella siempre fue que yo terminara mis estudios, como toda madre espera de sus hijos”.
Y es precisamente la hija del artista, la musa de sus pinturas, el recuerdo más valioso que tiene Kansuet de su madre, ya que, según detalló, Alyson heredó algunas facciones de su abuela.

Crear en la adversidad
Pero la pérdida de su madre no fue la única vicisitud a la que se tuvo que enfrentar Kansuet. Como a muchos, la pandemia y la cuarentena le afectó anímica y artísticamente. “Fue complicado en un principio por ser una situación nueva para mi y para todos. No produje mucho, no tenía ganas de pintar. Hasta que fui asimilando las cosas, sobre todo cuando empecé a pintar cuadros para obras sociales, lo que me ayudó a tomar el hilo del trabajo nuevamente”; esto, sumado a que en algún momento se quedó sin materiales de trabajo, pero pudo solucionarlo.
Si bien pasó la cuarentena en la capital, no niega sus ganas de ir a la comarca, aunque admite que esa lejanía de su tierra no cambia su proceso creativo.
Lo que sí es cierto es que el confinamiento por la pandemia lo ha acercado más a su hija. “Creo que la cuarentena nos ha enseñado muchas cosas; por ejemplo, el tiempo que compartimos con la familia. Uno siempre piensa que el tiempo que le damos es suficiente, pero no es así y ahora con la cuarentena hemos aprendido a hacer nuevas cosas, pintar juntos, elaborar artesanías, cosas positivas”, expresó.
Aparte de la colección que presenta, durante la pandemia el artista ha dado parte de su arte a obras benéficas y espera que ello sirva para brindar un poco de alegría a quien la admire.
“Procuro siempre que mis obras transmitan paz, tranquilidad y serenidad en el espectador”, confesó.


