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ARTE Y SOCIEDAD

Los barrios como lienzos

Un grupo de artistas liderados por Disem305 acercó el arte a los barrios gracias a sus pinceles y pinturas en ‘spray’.

Los barrios como lienzos
Murales realizado por artistas nacionales e internacionales, en el marco de Panamá mural FEST. Pastor Morales

Ella tiene la piel pintada con diseños ancestrales, una flor de papo al costado de su negra cabellera y un brillo que embriaga en los ojos. Es dueña de las miradas en lo que queda de la fachada de un edificio de época del Casco Antiguo que parece cargar con un centenar de años de desamparo. Le dicen “la emberá”, es un grafiti y el artista Disem305, spray en mano, le retoca el semblante.

La pintó en 2018, durante la vorágine cultural que incita cada verano el Macrofest y un año de sol y lluvia incesantes había deteriorado la obra de gran dimensión. Disem305 emplea una escalera y un puñado de pinturas en aerosol para dejar a “la emberá” reluciente. Aprovecha el único resquicio que le dejó la agitada semana del Panamá Mural Fest, un proyecto novel que convocó a 30 artistas de España, Estados Unidos (EU), Dinamarca, Puerto Rico, Costa Rica, Colombia, Venezuela, Canadá y Panamá, para que tomaran 30 paredes de El Chorrillo, Santa Ana y San Felipe y las usaran como lienzos urbanos. Y en unos días completaron un circuito de murales en plena zona roja.

Todo fue idea y ambición de Disem305, con el norte de agregar elementos de valor cultural a comunidades deprimidas, dando una nueva vida a paredes y muros en desuso, corroídos y desnudos de color.

Cada espacio ocupado cuenta con la aprobación del dueño y vecinos. No se procede sin el permiso, apunta Disem305, mientras recorre los murales por los callejones de Santa Ana. Hace un alto en la esquina de calle E y calle 15, donde el hijo de El Chorrillo, Roberto Durán, lozano y en plena forma física, muestra sus puños en señal de batalla, con los colores de la bandera panameña al fondo. La pintura es del danés Soten y alcanza los tres niveles de un caserón rodeado por aguas fétidas, basura acumulada, perros famélicos, refugios remendados con zinc, palos y cartuchos y miradas intimidantes que llegan desde balcones y ventanas contiguas. Disem305 se abstrae del entorno y se lamenta por los detalles pendientes de su pieza en honor a Rubén Blades, a pocos metros de Durán. Los ídolos panameños, Durán y Blades, frente a frente, en el corazón del barrio.

“Hay gente que lo agradece sinceramente”, dice el artista, convencido del efecto positivo de su trabajo. Y como si se tratase de un relato de ficción, aparecen de pronto Bayo y Keny, dos vecinos de las cercanías que ayudaron con el mural de Durán. Sus nombres lucen estampados al costado de la figura del boxeador, igual que el resto de la banda: “Kaleb”, “Maradona”, “Mono”, “El sobri”, “Si hay”, “Bebesito”, “Negrita”, “Jaziz” o “Chris Joel”. Fueron 26 colaboradores en total, entre ellos Abel, un joven en deserción escolar que se interesó como nadie en el proyecto cultural. Tanto, que tras terminar el mural, plasmó, previa guía, una obra abstracta sobre un trozo de madera que uno de los grafiteros invitados le compró por $40.

De pocas palabras, Abel no dice porqué no asiste a clases, pero asiente cuando le preguntan si quiere volver.

Más niños, jóvenes y otros personajes del barrio se acercan a la esquina de Durán y Blades. Preguntan si van a pintar más murales y si pueden participar.

Vocación grafitera

Disem305, de 34 años, ha vivido la mayor parte de su vida en Miami, EU, pero su niñez la pasó en Panamá, cuando, al cuidado de su primo Gary, participaba de las escapadas para pintar grafitis en la clandestinidad. Su madre era artista y su tío Ricaurte Martínez es uno de los maestros de la plástica nacional. “El arte viene de la familia; he estudiado y leído mucho al respecto, pero aprendí más con ellos [sus familiares] en casa”.

Empezó desde pequeño a usar el spray con secuaces escolares, sin tener claro lo que hacían. Por eso, explica, los grafiteros suelen hacer sus pinitos desde la ilegalidad, aprovechando cualquier espacio en abandono para experimentar. “Éramos muy malos pintando, la gente lo sabía y nadie nos daba permiso para usar sus muros”, evoca y ríe sin revelar nunca su nombre de pila.

El camino del artista del grafiti se suele iniciar con las letras de gran tamaño. Luego incursiona en más estilos. Disem305 se decantó por el retrato. Esbozar personajes, conocidos o no, que inspiren al espectador, como Blades o la emberá. Siempre mezclando las técnicas: letra del grafiti, el realismo del dibujo y chispas de fine art. Un estilo propio que lo ha llevado a exponer en diversos países de América y en cumbres de las creaciones modernas como la Art Basel de EU.

Práctica que se define como ¿grafiti, muralismo o arte conceptual? Disem305 prefiere no encasillarse. Es todo, responde. Una alternativa más de la expresión artística, que no es bien vista por todos, reconoce. Cientos de figuras modernas han incursionado en la pintura urbana y otras se han consagrado, como Banksy, con piezas que capturan el drama social actual (guerras, represión, migración o contaminación) y que son valoradas en cifras millonarias.

Como en otras trincheras de la vida, el arte urbano nacido de la brocha, pincel o spray, necesita exposición. Que las personas la conozcan y valoren, apunta Disem305. Por eso planea volver con más grafiteros y murales en 2020.


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