Las restricciones de movilización y medidas estrictas de higiene y distanciamiento que han acompañado la pandemia por el coronavirus, han significado muchas complicaciones para las organizaciones sin fines de lucro que extienden su ayuda a puntos remotos del país. Ese es el caso de Nutre Hogar, que cumple 32 años de labor, previniendo la desnutrición de la población infantil en sitios donde impera la pobreza.
Uno de los mayores retos que tuvo que afrontar Nutre Hogar ante la nueva dinámica impuesta por la pandemia, fue el mantenimiento de sus programas comunitarios en varias provincias y comarcas del país debido a, por ejemplo, los cercos sanitarios.
En muchas comunidades de las comarcas las personas quedaron sin dinero ni cosechas para poder alimentarse ya que sus familias no pudieron laborar en las provincias centrales durante lo que quedaba del verano tras el inicio de la pandemia.
Por ello, en Nutre Hogar se movilizaron para pedir el apoyo de empresas y donantes particulares para poder conseguir y transportar bolsas de alimentos (arroz, atún, menestras, cremas, galletas nutricionales y leche) a áreas remotas del país como Kankintú, Buenos Aires, El Peñón, San Antonio y Hato Chamí, entre otras.
Para entregar los alimentos, voluntarios de las comunidades participaron armando las bolsas y distribuyéndolas.

“Además de sortear caminos muy difíciles y establecer las rutas de entrega, se fijó un mecanismo con los líderes comunitarios de cada lugar con el fin de evitar las aglomeraciones de personas, que consiste en que cada familia fuera por la ayuda en un local de Nutre Hogar en un horario específico”, explica Vanessa Vicuña, directora de la organización.
Unas 3 mil personas se han beneficiado con alimentos a través de este mecanismo, detalla.
Cambio de métodos
Por otro lado, Nutre Hogar también se vio obligada a replantear su estrategia de erradicación de la desnutrición severa, debido a las secuelas del coronavirus. Desarrollaron capacitaciones de estimulación y cuidado infantil con las familias y docencia en la siembra de huertos familiares.
Esta metodología fue aplicada mediante un plan piloto en el distrito de Ñurum, en la comarca Ngäbe-Buglé, y próximamente se implementará en Donoso, Colón, tras un entrenamiento y capacitación de las educadoras comunitarias.
Estas actividades generaron un gran sentimiento de satisfacción tanto para los voluntarios como para los beneficiarios de Nutre Hogar, resalta Vicuña y hace un llamado a la población para que, quienes tengan las facilidades, aporten más recursos que permitan seguir con su labor de llevar comida a las familias que viven en estos puntos de difícil acceso. “La alimentación de las personas es un derecho humano fundamental, pero de acuerdo a las proyecciones económicas, el hambre será el derecho más violado en Panamá y en toda América Latina debido a la pandemia y la crisis económica y el desempleo”, comenta.
La directora recuerda que al complejo panorama se suma que las principales fuentes de recaudación anual de Nutre Hogar, como lo son sus eventos “Rifa Nacional” y “Los Niños Primero”, se suspendieron por la situación que atraviesa el país. El reto a superar es, por tanto, mucho mayor.
