Un conjunto de 13 telas y la instalación “El Altar del Dolor” componen la individual que el artista nacional Aristides Ureña Ramos comparte en el restaurante Manolo Caracol desde este 16 de marzo.
Sus pinturas encierran la magia caribeña y el remoto mundo marino. Es su deseo de explorar la identidad istmeña desde los colores y las ideas.
La obra principal de la muestra se titula Cod Fish, una tela que mide 150 x 250 cm. “Contiene el intento pictórico por conjugar el plato típico caribeño del bacalao.
Esta tela es sobre las tertulias de los comensales en torno a este gustoso platillo, y la descarga pictórica de toda la experiencia emotiva que enmarca mi estadía en territorio panameño” después de radicar entre 1980 y 2014 en Florencia, Italia.
Mientras que El altar del dolor, una pieza en madera, es una referencia al mestizaje religioso de nuestra cultura, “a la manera de concebir lo sagrado, lo supersticioso, la ingenua forma de interpretar el cotidiano vivir, la mistificación de todo lo divino, la esperanza ‘del resolver’ abandonándose al mundo espiritual, una válvula que retrata el dolor popular”.
Este altar también es un espejo que “recoge los objetos multirraciales para comunicar con lo divino, que ya forman parte de la cultura popular del panameño, poniendo al desnudo nuestras fragilidades emotivas, nuestras escondidas maneras de interpretar el incógnito presente”.
La exposición quedará abierta por un mes en la nueva sede del restaurante Manolo Caracol, ubicado en la Avenida A. y Calle 11, San Felipe.
EXPERIENCIAS
Desde que se inició en las artes, la preocupación de Aristides Ureña Ramos ha sido incorporar sus experiencias estéticas en un panorama lo más internacional posible.
“Con mi educación académica tuve que abrir mi visión del mundo estético a modos diversos de concebirlo, sin limitarme a un pensamiento único al cual referirme, pues el fruto de mis interpretaciones artísticas son una fusión de referencias que viajan en muchos niveles de definiciones”, resalta el artista, que en Europa se graduó en la Academia de Bellas Artes de San Marco, después se especializó en litografía y grabado en el centro Reparata Graphic Art Center, y más tarde en cinematografía en el Instituto Lorenzo di Medici.
La experiencia más profunda que Panamá ofrece al resto del planeta “es su historia multirracial y la integración de muchas maneras de sentir; un alambique mágico donde se fraguan las distintas culturas, e intento alimentarme de ese jugoso caldo y hacerlo visible en su increíble fantasía. Es esta la utopía que ha sostenido mis sueños y la meta que quisiera alcanzar”.
Con sus ciclos estéticos que ha titulado “Creol”, ha enfocado su mirada a la experiencia istmeña. “He acercado temáticas, he avecinado simbologías y signos, cabalgando la retórica pictórica como un vehículo de interpretación del pasado y el incómodo presente y luego soñando con nuevos horizontes”.
En su alma convive una lucha interna por no darle espacio a lo banal, a la demagogia, al panfleto o lo decorativo, elementos que pueden llevar a que el arte sea algo vulgar. “Más bien siempre estoy en la búsqueda de la exaltación de lo inmensamente hermoso que conlleva nuestras expresiones culturales”, destaca Ureña Ramos, quien nació el 24 de febrero de 1954 en Santiago de Veraguas.
“El mundo criollo que trato de sobresaltar es el pensamiento de nuestro presente, que no viaja de forma solitaria, más bien se enriquece de aquellas silenciosas intelectualidades panameñas, que no aceptamos ser diásporas enterradas en nuestra propia tierra, y que con pausa viajamos con nuestros intentos allende a nuevas posibilidades”, indica.





