Noa Wertheim, directora artística, coreógrafa y cofundadora de la compañía de danza Vértigo (Israel), define la pieza White Noise como una propuesta “muy física”, que emana una energía casi animal y primaria.
“A los artistas los acompañan en el escenario ocho sillas tipo bar que tienen una luz dentro de ellas. Los bailarines tienen un código de barras en sus espaldas y la iluminación que ofrecemos es entre fría y cálida, lo que crea una atmósfera especial. Es nuestra manera de movernos entre la tribu moderna y la pagana”, comenta.
Wertheim y su equipo están contentos de venir a Panamá (en un recorrido que los lleva también por México, Perú y Colombia) y participar en el Festival Prisma de Danza Internacional.
Enseñar
“Estoy feliz porque puedo relacionarme con colegas y compartir la visión de nuestra compañía”, opina la creadora, que brindará al público istmeño la pieza White Noise este domingo 14 de octubre, a las 8:00 p.m., en el teatro Anayansi del centro de convenciones Atlapa.
Mientras que el sábado 13 de octubre, en la Academia de Danza Steps, la Vertigo Dance Company va a compartir sus conocimientos con bailarines profesionales y estudiantes de nivel avanzado.
Elementos e influencias
El ruido que opaca a la voz de la naturaleza, el espacio y el silencio son elementos de creación propia para la danza, porque permiten “la investigación sobre el movimiento y la gravedad. Construyo toda esta pieza en base a cuando el movimiento del cuerpo humano se rinde ante la gravedad, entonces los bailarines se mueven en el piso, sin esfuerzo, de una posición a otra”.

Buena parte del trabajo de Noa Wertheim tiene como punto de partida la filosofía y las teorías de Moshe Feldenkrais (1904-1984), quien desarrolló un sistema educativo que usaba el movimiento para que cualquier individuo, sea artista o ejerza cualquier otro oficio, desarrolle conciencia de sí mismo y de su entorno.
Un día Noa Wertheim asignó una tarea a los bailarines de su colectivo: crear un movimiento que buscara la antigravedad y que no se rindieran en el intento.
Fue interesante ver cómo la naturaleza siempre ofrecía sus contrastes, plantea. “Y mientras lo físico se hizo más fuerte durante la creación, me di cuenta de que era como una metáfora de la época moderna en la que vivimos, sobre el ruido en el que vivimos todos, y de las actividades que tenemos que echar mano para poder vivir. Por eso utilicé un código de barras en la espalda de cada bailarín, porque todos somos víctimas y dominadores”.
