Aparte de su familia en el corazón de Mario Calvit hubo dos amores de los que nunca dudó: el arte y Panamá. Nacido en Nicaragua, pero nacionalizado panameño, este multifacético artista plástico falleció esta semana a los 88 años de edad precisamente al lado de sus amores: su familia, el arte y el istmo.
El hombre y artista
Para sus allegados el recuerdo de la personalidad de Calvit se asemeja a sus pinturas, “tranquilo como los atardeceres, laborioso y disciplinado como sus bodegones y abstractos, libre y enamorado de los suyos, como lo plasmaba en sus figuras humanas, desde que lo conocí siempre me dijo que él moriría con un pincel en la mano, y así fue”, comparte Mónica Espinosa, propietaria de la galería virtual Invivart.
La pasión por lo que hacía lo llevó a formar parte de los llamados “Seis grandes” pioneros y precursores de la plástica en Panamá, quienes abrieron camino a través de sus distintas trayectorias. Su trabajo influenciado por la naturaleza, el campo y la figura humana se expuso dentro y fuera del territorio nacional en cientos de exposiciones convirtiéndolo, como muchos lo catalogan como un imprescindible.
Gestión. Impulsor del arte de Panamá
Durante los años 1960 fue Director del Departamento de Artes Plásticas del Instituto Nacional de Cultura (hoy Ministerio de Cultura) desde donde impulsó el arte panameño a nivel nacional e internacional.
“Nunca necesitó inspiración alguna, él solo necesitaba que saliera el sol para pintar, era ya una necesidad, era parte de él. Recuerdo en los últimos años cuando necesitó silla de ruedas tuvo que suprimir los formatos grandes y adecuó su caballete para seguir pintando en forma horizontal y lo que su brazo alcanzara, no había día que el maestro no pintara, si se acababa el lienzo, el canvas o el cartoncillo, pintaba sobre hojas, papel lo que encontrará”, recuerda Mónica Espinosa, quien comparte que de Calvit aprendió la “consagración por lo que realmente amas, y más allá de eso es que todos tenemos la tarea de encontrar lo que verdaderamente nos apasiona. el resto fluirá naturalmente”.

Su relevancia
Mario Calvit fue uno de los más extraordinarios exponentes en el siglo XX del paisajismo dentro de la plástica panameña, además de ser un sobresaliente escultor. Países como Brasil, Colombia, Costa Rica, Perú, Estados Unidos, Francia y España acogieron algunas de sus muestras, lo que lo convirtió en uno de los artistas panameños de su generación cuya labor estuvo más presente fuera de nuestras fronteras.
“Don Mario manejó con destreza la visión que hizo del paisaje. Su generación fue una de las más relevantes de la historia de las artes de Panamá. Don Mario tiene un sitial asegurado junto a colegas suyos de su misma generación como Alfredo Sinclair, Antonio Alvarado, Manuel Chong Neto, Coqui Calderón, Carlos Arboleda y Guillermo Trujillo, entre otros”, explica Daniel Domínguez, director Nacional de las Artes de MiCultura de Panamá.
“Otra forma que don Mario colaboró con el engrandecimiento de las artes en Panamá fue a través de su vocación como docente y promotor. Su casa también siempre fue un salón de clase abierto para todo aquel joven artista que quería escuchar los consejos y las enseñanzas de ese gran maestro que fue y es don Mario” recuerda Domínguez.



