La mayor expedición enviada al Polo Norte regresó a Alemania ayer, tras constatar las graves consecuencias del cambio climático en el Ártico y la amenaza que plantea sobre la banquisa, que podría “desaparecer” en verano.
Al término de 389 días en el mar, el rompehielos Polarstern del instituto alemán Alfred Wegener llegó a su puerto de amarre.
“Hemos sobrepasado los límites de lo que podemos hacer en materia de investigación en el Ártico (...) La expedición marca una etapa histórica en la investigación en el Polo Norte”, se congratuló el jefe de la expedición Markus Rex.
Pero el responsable de esta expedición internacional llamada MOSAIC también lanzó un grito de alarma para intentar salvar la banquisa del verano que “está desapareciendo”. “Este mundo está amenazado”, aseguró este climatólogo y físico. “Si el cambio climático prosigue como ahora, en algunas décadas el Ártico se quedará sin hielo en verano”.
“Tenemos que hacer todo lo posible para preservar (...) la banquisa en el Ártico para las generaciones futuras y tenemos que intentar aprovechar la pequeña posibilidad que todavía tenemos”, dijo, describiendo una región “fascinante y de una belleza excepcional”.
En las salidas a la banquisa para tomar medidas y muestras, toda la expedición pudo constatar esta evolución, que el investigador califica de “impresionante”. “En el Polo Norte hemos encontrado [en verano] hielo fundido, fino, frágil”, dice Rex, que describe también “superficies de agua líquida hasta donde alcanza la vista”.
Un diagnóstico confirmado por las observaciones de los satélites en Estados Unidos que han revelado que en verano el casquete polar se fundió hasta alcanzar la segunda superficie más pequeña de la que se tenga registro, luego de la de 2012.
En invierno, donde se enfrentaron a la noche absoluta durante varios meses, los científicos también constataron temperaturas mucho más altas que hace décadas.
Varios cientos de expertos y científicos de 20 países se relevaron en el buque, que se dejó llevar por los hielos de la deriva polar, una corriente oceánica que corre de este a oeste en el océano Ártico.
El Polarstern recorrió 3 mil 400 km en zigzag. En algún momento, el barco se encontraba a 1,500 km de la zona poblada más cercana.
Los expertos recabaron más de 150 terabytes de datos y numerosas muestras de hielo y agua. Esperan que revelen datos valiosos para entender “los procesos complejos” que están en juego en el Polo Norte y que conducen allí a un recalentamiento climático más acelerado.
Durante un año, pudieron observar un centenar de parámetros. Lo que permitió “un avance en la comprensión del sistema climático del Ártico”, según Rex.
La misión estudió a la vez la atmósfera, el océano, el casquete y el ecosistema. El análisis completo hasta su difusión tomará uno o dos años. El objetivo es actualizar los modelos de predicción del clima para determinar cómo serán las olas de calor, las lluvias diluvianas o las tormentas en 20, 50 ó 100 años.
