Las sospechas rondaron el nombre de Vince Gilligan cuando en 2013, en la víspera del desenlace de Breaking Bad, AMC anunció que había luz verde para un spin-off de la aclamada serie, que contaría los orígenes del intrépido y corrupto abogado Saul Goodman. Hoy, la única duda que genera Better Call Saul es si terminará superando, palabras mayores, a Breaking Bad.
Gilligan, la mente detrás de Breaking Bad y Better Call Saul, ha conseguido con su par de series una de las rarezas del mundo audiovisual: una segunda parte tan buena (¿o mejor?) que la primera.
Lo logró en el cine Francis Ford Coppola con El Padrino II y el efecto fue tan abrumador que desde entonces se dice, un poco en broma y otro tanto más en serio, que es la única parte dos que vale la pena ver. Las secuelas de Toy Story, The Lord of the Rings o Before Sunrise, demuestran que no es así del todo, pero tampoco hay muchos buenos ejemplos más.
En el caso de Better Call Saul, no es una continuación, sino lo que el argot cinematográfico ha definido, con la bendición de la Real Academia Española, como una “precuela”. Ir atrás en el tiempo. Una historia que parte seis años antes de los acontecimientos de Breaking Bad, con su propio tono, sus propios conflictos y la misma intensidad que Gilligan empleaba para contar las turbias andanzas de Walter White.

Better Call Saul se estrenó en 2015 y hace poco AMC emitió el último episodio de su quinta temporada, la antesala para el gran final programado para 2021, si la pandemia por el SARS-CoV-2 no obliga a reconfigurar los planes.
Son cinco años en los que Gilligan ha desarrollado con maestría los sucesos y decisiones que terminarán por corromper a Jimmy McGill/Saul Goodman, una personaje que, con sus defectos, lucha por llegar a sus metas sin lastimar a ningún inocente. Una odisea similar a la que vivió Walter White en Breaking Bad, pero desde otra perspectiva.
Necesita Better Call Saul de toda esta presentación porque es una de las grandes series recientes que ha sido mayormente ignoradas por el público. Está a años luz de ser un fenómeno de masas como Game of Thrones o La casa de papel, pero supera a ambas al poder sostener, hasta ahora, su relato en el ritmo justo, sin caer en rellenos, incongruencias o sinsentidos, hasta llegar a los momentos de mayor intensidad. Aquellos en los que la incertidumbre y desesperación se sienten como propias.
Calladamente, Better Call Saul (a la espera de los resultados de su temporada final) ha escalado lo suficiente como para codearse con lo mejor de la pantalla chica en los últimos 25 años y como para que los críticos de contenidos audiovisuales se pregunten si podrá superar a su “hermana mayor” Breaking Bad.

Las reseñas registradas en el portal especializado www.rottentomatoes.com lo demuestran. La icónica Los Sopranos recibió 92% de aprobación. Mejor calificadas aparecen Mad Men, con 94%; y The Wire, con 94%. El despropósito de Game of Thrones en su última temporada la redujo a un 89%, The West Wing cae a un 75%, mientras que Breaking Bad cerró en 2013 con un sobresaliente 96%. A todas les supera, de momento y a juicio de la crítica, Better Call Saul, con 97%.
Mike Hale, de The New York Times, dijo que lo mejor de Better Call Saul “sigue siendo su minimalismo, sus espacios tranquilos, su disposición a detenerse en los detalles”.
Verne Gay, de Newsday, describió la serie como “el mejor programa de televisión; enfáticamente, el mejor”.
Y Mikel Zorrilla, de Espinof, anotó que la quinta temporada de Better Call Saul ha sido “un gran recordatorio de que muy pocas series juegan hoy en la misma liga”. Y reflexionó: “Creo que la distancia entre Better Call Saul y Breaking Bad es casi inexistente y que todo va a depender, al final, de cómo cierra la historia la primera [en 2021] para que realmente sepamos si merece la pena entrar a hablar de cuál de las dos es mejor; nada mal si tenemos en cuenta que la segunda tiene serios argumentos en la conversación sobre cuál es la mejor serie de la historia”.
