México decidió apostar este año por un mundo más inclusivo en la 17ª edición de la Bienal de Arquitectura de Venecia que se inauguró ayer, con una impactante instalación visual y sensorial.
Dedicada a los “Desplazamientos”, el pabellón de México en los espacios del Arsenal, de 45 metros cuadrados, invita a recorrer a oscuras, en solitario, caminos desconocidos creados con 5 mil hilos de plomo durante el cual se escuchan voces, lluvia, insectos, y se entrevén imágenes.
El trayecto genera ese mismo terror que miles de refugiados y desplazados sienten en el mundo durante la travesía hacia una tierra desconocida.
“Queríamos un pabellón que fuera experiencial, algo que no sólo entra por los ojos, sino que también entra con todos los sentidos y con el movimiento del cuerpo. Cuando se mueve uno a través de esos muros hay sensaciones”, explicó a la AFP la comisaria Elena Tudela.
Se trata de una reflexión sobre la pregunta que planteó este año la Bienal, “¿Cómo viviremos juntos?”, tras la pandemia del coronavirus.
México escogió una reflexión sobre las barreras físicas, como el muro que separa buena parte de su territorio de Estados Unidos.
“Los muros no son completamente impermeables. Las cosas les pasan a través”, recalca Tudela, que propone, junto a arquitectos como Fernanda Canales, Sandra Cecilia Calvo Guzmán o el Estudio MMX, una reflexión sobre cómo derribarlos.
El tema de los refugiados, de los conflictos, de las desigualdades, pero también de la convivencia y el diálogo, rondan en la Bienal, en la que participan 112 arquitectos y estudios de 46 países y 63 pabellones nacionales.

