El peruano Sergio Vilela guardaba la ilusión de despejar todas sus dudas acerca de la misteriosa ciudad de Machu Picchu, durante su primera excursión a este sitio cuando era estudiante. Sin embargo, su presencia en el lugar le dejó más interrogantes que respuestas. “Me dio la impresión que nadie sabía mucho y que todas las explicaciones eran medio esotéricas...”, rememora.
Más tarde, Vilela se convertiría en un destacado periodista, y un día rutinario se encontró con un titular en que se anunciaba la muerte de un turista ruso fulminado por un rayo en un cerro contiguo a la cima mítica de la ciudad incaica.
Esa fue la chispa que encendió su interés por investigar y escribir el libro El último secreto de Machu Picchu. Para ello, se alió con el historiador, especialista en el mundo andino colonial José Carlos de la Puente, y ambos, luego de cuatro años de recopilación de datos, terminaron la obra.
Vilela estuvo en la pasada Feria Internacional del Libro de Panamá, en compañía del periodista de La Prensa Fernán Molinos, para presentar su obra, que expone en 250 páginas los conflictos de una familia que reclama con documentos legales los terrenos en donde está ubicada la maravilla arquitectónica del Machu Picchu, declarado Patrimonio de la Humanidad desde 1983.
También aborda la rivalidad que persiste entre Agustín Lizárraga y el profesor estadounidense Hiram Bingham por llevarse el crédito como primeros descubridores del promontorio rocoso, en 1902 y 1911, respectivamente.
“Este libro trata del descubrimiento de algo que no se había perdido, y por otro lado, de la historia de una familia [cuya descendiente Roxana Abril] hoy reclama el Machu Picchu”, dice el autor, considerado por la Fundación Nuevo Periodismo Gabriel García Márquez como uno de los 30 mejores narradores latinoamericanos.
Vilela cuenta, de forma entretenida, los conflictos legales e históricos que se ciernen en torno al sitio arqueológico, que desde 2011 se convirtió en una de las siete maravillas del planeta.
En sus últimas 30 incursiones a la ciudad inca, Vilela también pudo reconstruir la historia del fallecido turista ruso, quien realmente murió a causa de un golpe en la cabeza y no carbonizado como se creía popularmente. “El rayo cayó cerca, pero su fuerza hizo elevar el cuerpo del hombre. Al caer, su cabeza se golpeó con una piedra y esto fue la causa real de su muerte”, aclara Vilela, actual director editoral del grupo Planeta para la región andina.
