De acuerdo con el editor John Naranjo, en Colombia en particular, y en América Latina en general, hay una renovación del gusto por el cómic y la novela gráfica, aunque no se explica por qué ese mismo fenómeno no ocurre en esas dimensiones en España.
Uno de los secretos de esta popularidad es que han logrado perfeccionar tanto su sentido estético como la confección de los personajes y los conflictos de estos.
Esto ha permitido que cada vez más personas los consideren géneros literarios y cada vez menos personas los asocien con personas de baja escolaridad, o que son gustos de niños en un sentido peyorativo, plantea Naranjo.
Hace 40 años, recuerda Naranjo, el cómic y la novela gráfica no tenían la relevancia que tienen hoy entre libreros, editores y el público en nuestra región.
Cita el caso colombiano que no fue hasta 2013 cuando se incluyeron ambos dentro de la Ley del Libro.
Esta medida ha colaborado para que obtengan credibilidad y respetabilidad, indica Naranjo. Agrega que los bibliotecarios, docentes y promotores de la lectura se han dado cuenta de que sirven para incentivar a la gente de todas las edades a leer y a comprender el idioma.
Lo dice porque el individuo no solo aprende a leer, sino que además sabe interpretar el lenguaje cinematográfico.
Lo que falta por lograr en el mercado editorial, dice Naranjo, es que aumenten sus catálogos con más autores para que los lectores tengan más de dónde escoger.
La ilustradora francesa Aurelie Neyret recuerda que cuando era niña no le daban cómics a leer en clase y ahora dice que los chicos sí tienen esa oportunidad didáctica.
“Los cómics ayudan a los chicos no solo a despertar su deseo por leer, sino también a imaginar”, plantea Neyret, quien en París usa las obras gráficas para enseñar francés a jóvenes inmigrantes de bajos recursos económicos.
UN MISMO ÁRBOL
John Naranjo resalta que no ve notables diferencias entre una novela gráfica y un cómic, más allá que el primero tiene más calado argumental que el segundo, y que dividirlos en esas dos mitades ha sido una medida inteligente de las editoriales. “Todo pertenece a un mismo género gráfico”, resume.
Aurelie Neyret tampoco le ve mucho sentido a hacer diferencias entre la novela gráfica, el cómic o el manga.
“Ninguno es superior o inferior a los otros. Todos son ramas de un mismo árbol. Que cada una tenga distintas evoluciones es un símbolo del cambio normal que hay en todas las manifestaciones”, añade Neyret, quien comenta que entre sus influencias están los trabajos de Sergio Toppi, Cyril Pedrosa, Claire Wendling y Winsor McCa.
Naranjo comparte que tan relevante es una historieta política de una sola viñeta que aparece en el New Yorker o las del caricaturista Matador (seudónimo del artista del trazo Julio César González en los medios impresos colombianos), que las tramas cómicas y sencillas de Condorito (de Pepo), ya que todos, a su manera, comunican ideas, emociones y sentimientos, recalca.
En opinión de Naranjo, quien tiene la máxima responsabilidad de que creciera el prestigio de estos géneros a nivel mundial es el historietista estadounidense Art Spiegelman (1948), autor de la célebre novela gráfica vanguardista Maus: relato de un superviviente, que publicó por entregas en la revista Raw entre 1980 y 1991.
Por esta obra, que se extiende desde la década de 1930 hasta el fin del Holocausto judío durante la Segunda Guerra Mundial, le mereció a Spiegelman un premio Pulitzer en 1992 y eso fue un impulso increíble a la novela gráfica en Occidente, añade Naranjo.
El otro aspecto que ha colaborado a su elevación hasta llegar al culto, es que el cómic y la novela gráfica cada vez reciben y aceptan la influencia del rico lenguaje cinematográfico, comenta Naranjo.











