Luto y lágrimas, pero también carcajadas, gozo, amor y esperanza. De estos elementos está hecha la vida de todo ser humano, no importa si es rico o de clase media, si es blanco o amarillo, si se inclina por tal o cual ideología, si reside en Panamá o en Uganda, y también son los conflictos que debe sortear el personaje de la comedia dramática Puras cosas maravillosas.
Erika de la Vega se hace cargo de este interesante e inspirador unipersonal que se presenta los jueves, viernes y sábados, a las 8:00 p.m., y los domingos, a las 5:00 p.m. y a las 8:00 p.m., en el Teatro La Plaza, hasta el 7 de abril.
Boletos a la venta a través de Panatickets y en la taquilla de la sala.
Sede
Al asistir a Puras cosas maravillosas también apoyará el espectador a Casa Santa Ana en la construcción de su sede futura, donde apoyarán las artes desde talleres, mesas redondas, conferencias, becas, residencias y talleres, para conectar a toda la comunidad al usar las artes como factor de desarrollo social.
Este centro cultural estará ubicado en Santa Ana y abrirá sus puertas en 2020.

Triste corazón
La actriz venezolana Erika de la Vega encarna en Puras cosas maravillosas a un ser humano, que desde chica, tiene un corazón que sufre y que desde entonces está afligida porque su madre tiene retos por resolver en materia de salud mental y busca una solución dolorosa, pero la adulta hija también aprende que puede cultivar la fuerza y la entereza para volver a ser feliz y recomenzar su vida las veces que sean necesarias.
Encantadora, honda y ocurrente. Así es la trama de esta obra escrita por Duncan MacMillan y dirigida por Michel Hausmann, que permite descubrir a una Erika de la Vega carismática, hábil y capaz de conquistar a cualquier público.
La carencia de la felicidad ha sido motivo para más de una reflexión desde diversas filosofías y religiones a lo largo de los siglos, así como desde la óptica de la psicología, la política, y las manifestaciones artísticas.

Desde la tragedia griega, hasta autores más cercanos al presente como el propio Duncan MacMillan, se ha explorado la insatisfación de la existencia en todas las épocas, los retos cotidianos y cómo se experimenta la decepción cuando las expectativas de cada quien no se alcanzan como se soñaba.
El teatro, desde Sófocles, Eurípides y Esquilo, ha usado estos hechos para pensar sobre cómo los mortales buscamos salidas para enfrentar las dolencias y los problemas que nos acechan desde que abrimos los ojos por la mañana.
De niña, la mujer que encarna con soltura Erika de la Vega comenzó a elaborar una lista de múltiples razones para que su mamá olvidara la idea del suicidio.
Esa lista es motivo para seguir adelante, para no detenerse, para levantarse cuando hemos caído o cuando nos hemos equivocado, para que la aventura de estar vivo sea continúa y placentera en la medida de lo posible.
La trama de Puras cosas maravillosas me recordó una anécdota de Charles Darwin. Un día, el naturalista inglés le preguntó a una niña de cuatro años qué significaba para ella estar feliz y la pequeña le contestó: “reír, hablar y darse besos”. A lo que agregó el científico: “sería difícil dar una definición más ajustada y práctica”.
