La escuela y la tradición tienden a mostrarnos a las figuras cimeras de la música clásica occidental como genios austeros y atemporales, que nos miran distantes desde sus gastados óleos. Aunque cuando su obra nos cautiva e intentamos adentrarnos en sus huellas, solemos encontrar al ser humano poderoso, frágil, imperfecto y genial, que desató sus musas al calor de los dolores y las esperanzas de su propio tiempo.
En el caso de esta breve degustación auditiva que nos propone ahora Consort-Musik, se trata de una muestra de la obra de tres notables compositores e instrumentistas de la convulsa Europa de la segunda mitad del siglo XVIII y la primera mitad del XIX, signada por la rebelión contra los viejos absolutismos monárquicos y el doloroso y largo parto que explica a buena parte de los actuales estados nacionales del “viejo continente”.
Y todos nosotros, descendientes mestizos de los fragmentos de viejos imperios coloniales de allende la mar océano, resultamos más cercanos a esas obras de lo que suponemos... Hayan disfrutado de la fama (Rossini), sufrido entre el éxito y la precariedad (Mozart) o resultado desconocidos y tempranamente destrozados en vida (Schubert), la música de estos genios -junto a las obras libertarias de la Ilustración- fue llegando de a poco a las colonias americanas que, con sus metrópolis ocupadas por el Imperio Napoleónico, comenzaban a idear sus propias independencias. En las tertulias literario - musicales - conspirativas de los criollos pudientes de aquellos días, aquellas palabras y aquellos sonidos que llegaban de contrabando en los galeones imperiales, contribuyeron a mostrar que otros futuros resultaban posibles e incluso se convirtieron (o influyeron en) las bandas musicales de buena parte de las entonces nuevas epopeyas libertarias, aquellas de las que resultamos hijos.
¿Podrán influenciar también -junto a los sonidos de nuestros días- en el infinito proceso de cambios que aún tenemos por delante quienes aspiramos a un mundo más justo, natural y humanista?
