20 años después de abrir su negocio de catering, la chef Nicolle Vallarino cuenta en su libro Nicolina, sal y dulce, cómo logró hacer su sueño realidad gracias a su tenacidad y al apoyo de su familia y amigos. El texto no es un libro de cocina cualquiera, ya que busca mandar un mensaje a las personas con discapacidad: “que las limitaciones no frenen tu espíritu”.
Si bien Vallarino nació con atrofia muscular espinal, esa discapacidad no logró detenerla en el camino que siguió en busca de sus metas. Graduada de Derecho, ella siempre tuvo la vocación de cocinar.
“En mi familia, a nosotros nos criaron de una manera común y no nos hacían sentir que somos discapacitadas, sino que no nos limitaban en nada y nos motivaban a hacer lo que creíamos y más allá de lo que creíamos, lo que podríamos realizar. Así es como mis padres me criaron a mí”, expresó.
Bajo esa premisa, Vallarino fue al colegio y a la universidad y, mientras estaba en esa etapa de su vida —alrededor del año 1998—, se dedicó a vender comida. Así comenzó su negocio, comercializando sus primeros platos de comida con su familia y amigos, consiguiendo de esta manera sus primeros clientes. Después, en 2000. esto daría lugar a su negocio de catering Nicolina, sal y dulce, y que lleva ya más de 20 años de existencia. El nombre Nicolina proviene de un apodo cariñoso que le daba su tía.
“ En mi familia, a nosotros nos crían de una manera común y no nos hacen sentir que somos discapacitadas, sino que no nos limitan en nada y nos motivan a hacer lo que creamos y, más allá de lo que creíamos, lo que podríamos realizar. Así es como mis padres me criaron a mí”.
Nicolle Vallarino
“Esto de la cocina lo traigo en la sangre. Recuerdo a mi abuela materna quien fue repostera; además que a mi mamá le encanta cocinar y atender bien la mesa. Esto lo traigo en el ADN, ya que disfruto estar en la cocina [más] que en cualquier otro lugar. No me aburro”, agregó.
Vallarino tiene una actitud determinada ante la vida ya que asegura que todo en la vida es un reto. “En la vida, todos estamos desafiándonos a diario, y cada día trae sus propios obstáculos”, expresó.
Además de contener las recetas que evocan esos sabores que se suelen degustar en los momentos familiares, el libro transporta al lector a tres sitios clave en la vida de Vallarino: Palenque (Colón), Bambito (Chiriquí) y El Valle de Antón (Coclé), que tuvieron gran influencia en su vida y en sus recetas.
Para disfrutar al máximo la experiencia culinaria, Vallarino incluye consejos tanto en la preparación como en la presentación de los platos que se presentan en el libro como los son las mini carimañolas, la crema de zapallo rostizado, el cheese cake de limón y el dulce de café, entre otros.
El libro nace en medio de la pandemia por idea de su cuñada quién le sugiere que haga un libro de cocina con sus recetas. Siendo más que un compendio de más de 70 recetas, en las primeras páginas del libro se puede leer la historia de vida de Vallarino, caracterizada por el éxito y el sacrificio.

“Yo jamás había pensado en escribir un libro ni se me pasaba por la mente. Estaba al borde del aburrimiento, y entonces llegó el mosquito y Dios puso algo en mi corazón, y cuando hice el libro, las cosas se me dieron súper rápido. Agradezco tanto a la editora Julieta de Fábrega, a la diseñadora Maite Castrellón y al fotógrafo Álvaro Ching. En cuestión de media hora, los llamé a todos e inmediatamente me dijeron que era un proyecto maravilloso y que contase con ellos”, expresó.
Ella considera que el éxito también radica en estar rodeados de personas que motiven continuamente a buscar nuevas metas y proyectos, que signifiquen algo nuevo todos los días.
Para finalizar, dice que “no importa cuántos problemas tengas, todos los días hay que buscar un minuto para reírse de lo que sea, porque si no tu día pasa en vano”. “Dios nos mandó a este mundo para ser felices”, remarcó Vallarino.

