“Es irresistible”: Miho Takeshita es fanática de los juegos de simulaciones amorosas para chicas que se dejan seducir por hombres virtuales en la pantalla de su teléfono inteligente.
“Parece sencillo, pero jugar exige cierta práctica, hay un encadenamiento dramático bien pensado”, asegura esta treintañera editora de mangas, según la cual “aunque parezcan irreales, una termina teniendo sentimientos por los personajes de estos juegos”.
Ese es el objetivo: “la historia es primordial, al igual que los protagonistas, por supuesto, y los giros inesperados del argumento”, insiste Natsuko Asaki, productora de ese tipo de juegos para Cybird, empresa conocida por su serie ikemen (chicos lindos) que ostenta 15 millones de descargas.
Tanto desde el punto de vista de las adeptas como de las creadoras, no es tanto un juego basado en algoritmos, algo después de todo bastante elemental, sino una “historia de amor” que sigue una trama de opciones múltiples en la que los héroes virtuales evolucionan en función de las decisiones de la usuaria.
Miho no perdió el sentido de la realidad y se casó con un hombre de verdad, pero admite que estas simulaciones ofrecen un amigo disponible en cualquier momento, algo que no necesariamente ocurre con un marido real.
El 80% de las adeptas a estas simulaciones, que incluye una creciente proporción de mujeres casadas, juega después del trabajo o antes de irse a dormir, según una encuesta de Cybird.