A principios de este mes, se detectaron en la zona central de Turkmenistán fugas de metano de, al menos, ocho tuberías de gas natural y antorchas apagadas, que liberaron hasta 10 mil kilogramos por hora del gas de efecto invernadero, según imágenes producidas por un nuevo satélite.
Esa cantidad de metano tendría un impacto en el calentamiento del planeta equivalente a conducir 250 mil automóviles de combustión interna durante un período de tiempo similar, dijo Stephane Germain, presidente de GHGSat Inc., la firma que detectó la fuga.
La compañía se percató de las ocho columnas del gas de efecto invernadero el 1 de febrero. “Es razonable decir que esto sucedió durante varias horas”, dijo.
La instantánea pixelada que muestra las ocho fugas simultáneas en un radio de 50 kilómetros cuadrados es un presagio de lo que podría revelarse ahora que la tecnología satelital es capaz de identificar con más precisión emisiones de tuberías, minas y pozos específicos. GHGSat lanzó su primer satélite en 2016, y no fue hasta septiembre de 2020 que tuvo en órbita uno capaz de detectar pozos individuales. Solo en el cuarto trimestre, dijo Germain, detectó cientos de fugas.
La tecnología permite localizar fugas que eran indetectables, cuantificar su impacto en el calentamiento y asignar responsabilidades.
El metano es inodoro e incoloro, lo que hace que las fugas sean muy difíciles de detectar. También es un gas de efecto invernadero excepcionalmente potente, ya que captura 25 veces más calor que el dióxido de carbono en el transcurso de un siglo, y más de 80 veces en 20 años. Eso significa que controlar el metano podría tener un impacto significativo, casi inmediato, en el calentamiento global.
